Luis Enrique proclama la independencia del equipo respecto al club

Funcionan solos. Durante mucho tiempo (y no hace mucho de ello) el Barcelona como equipo de fútbol sobrevivió gracias a la carga simbólica de la entidad. Con un equipo que apenas ganaba títulos (hay una última generación de cincuentones conocida como los ‘levantarecopas’). La entidad estaba tan por encima de los éxitos deportivos que el escudo lo justificaba todo. A día de hoy, Luis Enrique ha decretado la independencia del equipo del rumbo de la entidad y ocurre justo al revés. Pase lo que pase en el club, todo se acaba justificando porque el primer equipo es una máquina de dar satisfacciones.
El récord. Logró ayer el Barça superar el récord del Madrid de Beenhakker en cuanto a partidos sin perder. Suman 35 ya los de Luis Enrique que viven entre “besitos y abracitos” liquidando rivales mientras desperdician penaltis para ayudar al compañero de delantera que anda algo escaso de producción. Este microclima de paz (impensable hace un año y medio) contrasta con una entidad que sigue metida en todos los líos posibles y que, dicho sea de paso, sigue sin tener un patrocinador claro que le pague el presupuesto de cara al próximo año.
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Manda el balón. Hay una hermosa paradoja en el Barcelona. Sigue siendo un equipo de socios con una vida social tan agitada que incluso uno de ellos llevó a la entidad ante la Audiencia y forzó la dimisión de un presidente. Un escándalo mayúsculo al que se le sumaron multitud de causas penales: espionajes entre directivos; espionajes a una gran empresa de comunicación; presuntos fraudes a Hacienda; sanciones de la FIFA por saltarse leyes para con la contratación de menores... Es el Barcelona el equipo que más se ha gastado en abogados del mundo para afrontar unos pleitos que moverían los cimientos de cualquier institución del mundo. Pero el fútbol es diferente. La pelota entra y mientras el edificio se agrieta en los juzgados, la pradera dicta su ley y ahí el Barcelona es intocable.
Luis Enrique. El técnico asturiano es heredero de una tradición de excelencia futbolística que ha sabido modelar dándole un toque fundamental: El blindaje ante el ruido exterior. Luis Enrique ha declarado la independencia del equipo respecto a los líos de la entidad. El búnker, funciona. Pese a todo.



