El Rayo se sabía la película

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Pasó en la primera vuelta y pasó ayer. El Sevilla se puso por delante con dos goles de ventaja y el Rayo empató. En la sexta jornada Konoplyanka resolvió el entuerto con una falta pero ayer el Rayo evitó hacer faltas absurdas al borde del área y conservó el punto. El Sevilla es un jugador de baloncesto en la línea de tiros libres, que comienza viendo el aro como una piscina y acaba viéndolo del tamaño del ojo de una aguja, porque el complejo de perdedor fuera de casa no se lo quita de ningún modo.
Y el complejo asomó cuando Iborra mandó el 0-3 al palo. Paco movió el banquillo puesto que la señal estaba ahí. Al Sevilla de fuera de casa, si algo le puede pasar, le pasa. Que Fazio se olvide de marcar al hombre o de atacar al balón, que Sergio Rico no salga, que una de sus bestias negras se llame Manucho y le marque siempre, que sus atacantes fallen lo infallable, que los penaltis que en casa caen fuera ni se contemplan y, por si no fuera suficiente, que Banega vea la quinta amarilla y Vitolo se lesione, imposibilitando su presencia la semana que viene en el Camp Nou. Un cúmulo de catastróficas desdichas ante un Rayo que esta película ya la había visto.



