Sobre faltas de respeto, ofensas y el deseo de llamar la atención

Santi Giménez
Subdirector de AS
Nació en Barcelona en 1968. Estudió Ciencias de la Información y Filosofía. En 1988 entró a trabajar en la revista Barcelona Olímpica, en 1990 en el diario Las Noticias. Tras cerrar ambos medios se incorporó al Diario de Barcelona en 1990, que no cerró hasta 1994. En 1994 entró en SPORT. Se incorporó al Diario AS en 2010, donde es Subdirector.
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Subjetivo. La ofensa es libre y depende del ofendido. La misma acción que a uno no le sienta nada bien, otro no le da mayor importancia. Es más, puede que a algunas personas lo que les sentó mal en un primer momento, tras un periodo de reflexión entiendan que lo sucedido no fue para tanto y le quiten hierro a lo que les pareció una ofensa. Discutir sobre si el famoso penalti del fin de semana pasado era ofensivo o no es una cuestión que se cerró por si misma en cuanto los jugadores del Celta no le dieron más importancia. Lo otro, es ruido mediático. Sin embargo...

El gusto por sentirse ofendido. Tampoco puede obviarse que existe mucha gente a la que le encanta sentirse ofendida y que busca en la provocación ajena la munición necesaria para reafirmarse en su conducta, basada en una defensa ante una supuesta y constante agresión externa. Y en este mundo tan permeable a las opiniones de todos, en la que pesa lo mismo una portada de un medio de comunicación como la de un tertuliano o el tuit de un desconocido, si uno se esfuerza en encontrar ofensas, las va a encontrar. Hacer bandera de ellas, ya depende del gusto de cada uno por sentirse ofendido.

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Llamar la atención. Más allá del penalti, esta semana han ocurrido otras muchas acciones que pueden haber sido susceptibles de ser faltas de respeto. Gente que quería llamar la atención respecto a una reivindicación que consideraban justa y que puede haber ofendido a alguien. Unos socios del Barcelona quisieron reivindicar mayor implicación de la plantilla con sus seguidores. La protesta se salió de madre y lo que tenía que ser pacífico acabó con gritos que le faltaban el respeto a los jugadores, pero no se puede meter a todos en el mismo saco. Eso también es una falta de respeto. De la misma forma, en Alemania, seguidores del Dortmund interrumpieron un partido tirando pelotas de tenis al campo para protestar por los precios de las entradas. Puede que alguien se sintiera ofendido.

El barrizal. Ante esta situación, que es el barrizal preferido para el eco del ruido, la batalla está perdida. Siempre se le dará más valor a uno que ofende que a cien que buscan la conciliación. Como dice Cristiano, “ellos sabrán por qué”. Dicho esta vez sin ánimo de llamar la atención.

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