Juanma Trueba

Guardiola, entre el mérito y la suerte de haber tenido a Messi

Nunca sabremos si las pastillas que receta Guardiola están rellenas de sabiduría o de azúcar, pero se venden caras. Nunca sabremos si en su fórmula secreta hay algo más que poder de convicción. Hablamos de método, de dedicación y meticulosidad, pero podría ser en realidad el tipo de explicación que nos damos para justificar el éxito, para limpiarlo de suerte. 

No quieran ver un desprecio a Guardiola, es el éxito lo que pongo en duda. Es verdad que Pep (disculpen la familiaridad, pero debía elegir entre el tuteo o la redundancia) lo ganó todo y que prolongó el reinado del Barcelona durante cuatro temporadas. Sin embargo, no es menos cierto que entrenó a Messi. Añadan la mejor época de Xavi e Iniesta, la base del equipo que ganó la Eurocopa de 2008. Guardiola fue presentado como entrenador del Barça mientras se disputaba ese torneo, de modo que no cabe atribuirle responsabilidad en la victoria. 

¿Se aprovechó entonces del impulso de la España de Luis Aragonés? Quién sabe. Juraría que aquella floración también tuvo mucho de espontánea. La eclosión de la España del tiqui-taca llegó en las semifinales contra Rusia gracias a la lesión de Villa en el minuto 34 de la primera parte (0-0). Fàbregas entró en su lugar y, de pronto, se obró el milagro. La Selección reunió sobre el campo a Senna, Xavi, Iniesta, Silva y el propio Cesc, una concentración de jugones (tocones, si lo prefieren) que, con leves variaciones, desarboló a Rusia (0-3) y a cuantos rivales se pusieron por delante en los cuatro años posteriores.

La etapa triunfal de Guardiola no puede desvincularse de la etapa triunfal de la Selección española. Y no pretendo restarle valor, como tampoco se los quitaré a Del Bosque, demostración evidente de que las épocas influyen más que los nombres. ¿Inculcó Guardiola el sistema de presión-robo y ataque en superioridad o lo favoreció la edad de sus futbolistas? ¿Se dejó llevar Del Bosque o tuvo el mérito nada desdeñable de alimentar la motivación del grupo a base de no alterar sus rutinas?

El fichaje de Guardiola por el Manchester City se hace oficial sin que haya igualado (todavía) la última temporada de Heynckes en el Bayern (Liga, Copa, Champions). Su presumible balance de tres Bundesligas ganadas en tres años no puede desvincularse de la vampirización del Bayern al Dortmund. La confusión aumenta si pensamos que Pellegrini abandona a los citizens con una Liga, la misma que ganó Mancini tras un trayecto que muchos creímos nefasto. La llegada de Mourinho al United sería igualmente inexplicable después de haber desquiciado al Chelsea. Por no hablar de la trayectoria del Nápoles sin Benítez o de la del Eibar sin Garitano, dos equipos que imaginábamos de autor.

Ustedes disculparán, pero no puedo dejar de pensar que el éxito es una casualidad afortunada que adornamos de sesudas explicaciones para no sentirnos como la pluma de Forrest Gump.