Araujo, Macià, el humo y la impostura

Noticias relacionadas
“En el fútbol no hay que elevar nada a definitivo”, desafiaba Sánchez Araujo en las ondas con la eternidad de lo que es, por encima incluso de gran Maestro periodístico: un filósofo sin igual. Matizó Araujo y matizo yo: cuando se hacen las cosas bien la probabilidad de éxito resulta mucho más alta. Es por ello que el 0-2 de la semana pasada no provocó en el Betis ningún atisbo de conjura para la remontada como la que encendió Nervión instantes después de caer en la ida de octavos europeos. Se sabían mejores, se lo creyeron y lo lograron. Producto de esa mágica ilusión que le suscita el comienzo de otra de las grandes oportunidades (o marrones) de su incipiente carrera como entrenador, quizá sea Juan Merino el único bético capaz de imaginarse una mínima posibilidad de voltear la eliminatoria. Pronto sabrá Merino, a pesar de su valentía, que es difícil hacer milagros con un equipo de la escasa calidad física, técnica y de carácter como el que le dejan entre manos.
Siento vergüenza ajena cuando alguien como Ollero, al que creía sensato, busca en los fichajes fallidos de Nervión coartadas a la lamentable planificación propia. Compararse ahora mismo con el Sevilla tendría que ser tabú para el Betis; comparar a Macià con Monchi, ese forjador y manantial de una década de títulos en blanquirrojo, debería estar perseguido por alguna Policía del Sentido Común. Eduardo (le llaman en el club, como a un compadre) de momento sólo ha vendido humo, producto que por cierto le pagan a precio de oro blanco. “Eduardo esto, Eduardo lo otro”, repiten dándose palmaditas en la espalda esos directivos y empleados filtradores al mando de un equipo de cartón-piedra. El Betis está repleto de impostura: tal vez por ello esa obsesión en controlar lo que publican/opinan periodistas que nos consideramos libres... honrada y necesaria labor que sobrecogedoramente intentan contrarrestar otros, que no me atrevo en denominar compañeros.



