Tercer tiempo

La afición es la heroína del cuento

Es la gran protagonista del año.

Juan Cruz
Actualizado a

Leo que algunos consideran que la corrupción es la protagonista de este año de fútbol que acaba para reiniciarse en seguida, como los teléfonos móviles. En mi modesta opinión, la protagonista del año es la afición.

La afición española vive desde siempre bajo la dictadura de la incertidumbre. Con respecto a sus equipos, con respecto al arbitraje, con respecto a la gestión de las directivas, con respecto a sus propios jugadores, que tienen el corazón dividido entre los agentes y los escudos…

Ahora a todas esas vicisitudes se unen los problemas para ver los partidos, cuando no puedes ir al campo. En mis tiempos, cuando la afición se conformaba con dos de pipas, escuchábamos los partidos por la radio y nos imaginábamos lo que pasaba gracias a voces clarividentes e inolvidables. Cuando vino la tele dejamos de añorar la cancha, pues, como dice el admirado Juan Cueto, ese rectángulo catódico se hizo en realidad para ver los partidos.

La afición se hizo, por tanto, teledependiente, como si en ese aparato estuvieran a la vez la droga y sus sustitutivos. El fútbol ganó en audiencia, no sólo el fútbol español, sino todo el fútbol. Prosperaron los campeonatos, que antes eran de andar por casa, y ahora se televisa hasta la respiración de los suplentes.

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La abundancia de la televisión, que empezó a nutrir las arcas de los clubes hasta hacerlos insoportablemente ricos, y hasta hacer que los futbolistas fueran más ricos de la cuenta, ha generado codicias ingentes dentro y fuera de los terrenos de juego. Las competencias de las televisiones, nos han dejado a los aficionados perplejos: por qué canal vemos, cuál es nuestro canal, cuál debería ser. La alternativa indeseada, la piratería, se está abriendo paso a partir de esas incertidumbres. Todo este maldito embrollo está afectando a la afición en lo único que aspira, que es a ver los partidos, para mantener, en el más abundante número de casos, la pasión que siente por los equipos, que es a la vez el sustento de la afición propiamente dicha.

El fútbol ha generado, dentro y fuera de las campos, consecuencias malsanas de la riqueza que proporciona. Hay entrenadores, por ejemplo, que sólo posan en los restaurantes que los surten, jugadores que se ponen trabas del pelo de las marcas que les pagan, y hay clubes que venden sus almas al diablo con tal de seguir recaudando para no perderse ningún mercado. Ante este panorama, la paciencia de la afición es infinita. Que aún así mantengan su fe en el fútbol me parece que merece el premio al factor humano más paciente e importante del mundo que ve cómo los multimillonarios engreídos mueven el balón.

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