El tercer tiempo

¿Por qué Mou se tapa la cara al dejar el Chelsea?

Juan Cruz
Actualizado a

Puede haber mil teorías de por qué se tapó la cara José Mourinho al dejar el Chelsea el otro día. Una de ellas me gustaría lanzarla a mi: se tapó la cara porque en el fracaso él cree que no es José Mourinho. Evidentemente, Mourinho es como todo el mundo, como Borges, por ejemplo, que puede ser el mismo y el otro a la vez. El mismo Mourinho que se tapa la cara es el Mourinho capaz de meterle el dedo en el ojo a un contrario, y regresar a su sitio como si hubiera sido otro el del delito. En el camino ese Mourinho es él y el otro sucesivamente. El que se va del Chelsea es Mourinho el fracasado; el que se tapa la cara es el que se está vistiendo del otro Mourinho, para salir riendo en otro lado del plano.

Noticias relacionadas

Su cambio de cara no incluye que se la quite: simplemente, se la está cambiando, como alguien se cambia de camiseta. Uno de los reproches que se le hace al Mourinho que se fue del Madrid como ahora se va del Chelsea no lo tiene a él como culpable, sino a su hijo: éste se alegra de los triunfos del Barça. En ese sentido, el hijo de Mourinho es también Mourinho. Se puede decir que cuando se enfadó con Casillas deseó que éste fracasara, porque su capacidad de daño incluye el daño a la propia camiseta. El que le pegó a Tito le estaba pegando al Barça, también, que fue asimismo su camiseta. Así que el otro Mourinho es también el hijo de Mourinho. En realidad, Mourinho es el que se queda solo porque quiere renacer triunfante, y si se tapa la cara es porque se está mudando de cara o de club. Su cara tapada es su risa. Mourinho tiene un ego enorme porque en él tienen que caber los dos (o los tres, si contamos a su hijo) que contiene. Él es mejor retratista de ese ego. Cuando lo entrevisté, en su llegada al Madrid, le pregunté a Michael Robinson, que lo había conocido, su impresión del flamante madridista. Me dijo el genial inglés: “El tiempo que estuve con él me llevé la impresión de un hombre cálido, afectivo y respetuoso. (…) Ahora no sólo es un gran entrenador, sino que tiene muchos registros como ser humano. Se pone un traje ante los medios, pero es un crack de la comunicación, generoso con los futbolistas”.

Le leí eso a Mourinho cuando empezamos la conversación, en la gélida habitación que él enfriaba. No movió un músculo hasta que sonrió, y fue la única sonrisa de la mañana. Cuando le dije que comentara lo que había dicho Robinson no se cortó y puso a hablar al Mourinho que no necesita espejo: “Hay que llamarle para agradecérselo… Es un análisis de una persona muy inteligente o de una persona que me conoce bien”. Ese Mourinho que sonríe satisfecho ante las definiciones que lo exaltan estaba debajo de la manta con la que se ocultaba al salir del Chelsea. El otro Mourinho es, muy probablemente, la manta con la que se tapaba la cara.

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados