Mourinho-Iker: el último desafío fue en un túnel

Mourinho-Iker: el último desafío fue en un túnel

Sucedió el miércoles en Stamford Bridge. El Chelsea ganaba 1-0 al Oporto y los equipos esperaban la reanudación del partido en sus respectivos vestuarios. Con una excepción: Mourinho. Su figura emergió en el entreacto para acomodarse en el arco que da acceso al campo. Consciente de que las cámaras le apuntaban, Mou sonrió de medio lado, resopló a medio pulmón, se dejó saludar y miró al infinito como un modelo de trencas y anoraks.

Su posición no era accidental, nunca lo es. Mourinho estaba plantado en el flanco del túnel que corresponde al equipo visitante, de manera que quien quisiera saltar al césped estaba obligado a esquivarlo, a saludarlo o a reprimirse. Durante tres minutos y medio (3:36) permaneció en su puesto. En este tiempo intercambió palabras con varios jugadores del banquillo del Oporto, aunque con ninguno se mostró tan cómplice como con Helton, portero suplente.

La escena alcanzó su plenitud cuando asomó Casillas. Iker divisó a Mou y se frenó para evaluar las posibilidades. Sospecho que todas se cruzaron por su cabeza: el quiebro elegante, el roce desafiante, la colleja falsamente amigable y el osotogari. Finalmente se decantó por el adelantamiento con intermitentes. Mourinho no se inmutó, ni abrió la boca, ni sacó la pierna; también hay que destacar sus actos de bondad. Inmediatamente después estrechó con efusividad repentina las manos del árbitro y los asistentes. La primera parte del plan estaba cumplida.

Willian consiguió el segundo gol del Chelsea con un disparo que entró por el palo del portero y el Oporto se despidió de la Champions, camino de la Europa League, con mansedumbre de vaca frisona.

Dardo. Ya sólo quedaba una intriga por resolver: qué se dirían Mourinho y Casillas en conferencia de prensa. Como es costumbre habló más el entrenactor (acertadísimo neologismo de nuestro compañero Quique Rubio): “Quizá hemos ayudado a Iker a ganar el título que le falta”. La frase se propagó como una brillante ocurrencia cargada de metralla.

Quien crea que el comentario fue espontáneo olvida la representación del intermedio, el cuerpo en doble fila, el desafío silencioso. Quien todavía crea en las hadas y los ponys voladores se olvida de Mourinho.

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