Carvajal se mira pero no se toca...

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El 12 de mayo de 2004, Carvajal fue elegido para acompañar a Alfredo Di Stéfano a poner la primera piedra de la nueva ciudad deportiva de Valdebebas. El crío era rubio-alemán y ya dejaba ver con su desparpajo que la camiseta del Madrid jamás le iba a venir grande. Años más tarde, en el curso 2011-2012, Mourinho se cruzó de mala manera en su camino y frustró su debut soñado (previsto para un Ponferradina-Madrid de Copa). Pero no se arrugó. Se fue traspasado ese verano al Bayer Leverkusen y regresó al Bernabéu en 2013 como un conquistador. Fue declarado mejor lateral derecho de la Bundesliga. Ni más ni menos...

Aquí se ha matriculado en dos años espléndidos. Calidad, agresividad, compromiso, verticalidad, energía, carácter... Lo tiene todo. De hecho, pese al fichaje de Danilo (por 31,5 millones de euros) no se achicó. En el derbi del Calderón fue el mejor del equipo (junto a Casemiro), hasta que su tobillo se la jugó. La afición le quiere. Canterano y con ADN vikingo 100%. El Bayern anhela su fichaje. Lógico. Pero venderle sería inadmisible. No más casos Morata, por favor. Carvajal, bueno para el Madrid.

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