La levedad de las conchas
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Hay que tener cuidado en México con ciertas malas palabras; lo mismo pasa en España e igual en Argentina. Pero se dicen. Y, cómo no, están también en los estadios de fútbol, en las gradas y en la cancha. Ahora tenemos aquí una diatriba por una expresión de Argentina (“la concha de tu madre-de tu hermana”) que equivale, entre nosotros, a lo que ustedes saben. La verdad es que este embrollo sobre la desconsideración lingüística de Mascherano recuerda al chiste de las monjas: reclamaron a la Policía que fuera a su monasterio de clausura para poner orden en la pornografía que se veía desde sus cuartos castos. Cuando los agentes comprobaron que no se veía nada, una monja exclamó : “¿Que no ven nada? ¡Pues súbase al armario!”.
A mí me parece que los jueces de línea y los árbitros a veces se suben a los armarios por un quítame allá esas conchas. Cuando uno se pilla un dedo grita de dolor y a veces exclama conchas parecidas. Es probable que a Mascherano el juez de línea le torciera, metafóricamente, la mano, y sacó la concha a pasear. ¿Y por eso van a dejar al hombre penando hasta que pase el Clásico? En Argentina, en España y en México eso se dice hasta entre amigos. Depende del tono de la mirada o de la sonrisa con que acabes, y ya sólo se asustan las monjas de clausura, o los jueces de línea.




