El Barça y el Camp Nou, o cómo la distancia hace los pitos

El roce hace el cariño... y la distancia lleva a la desconfianza. La prueba más palpable de este axioma se pudo ver en el último partido que el Barcelona jugó en su estadio ante el Bayer Leverkusen en la Champions League. El vigente campeón de Liga, Copa, Supercopa de Europa y Champions debutaba en su campo en la competición más exigente del mundo. Era un conjunto cogido con pinzas a causa de las lesiones, entre ellas la de su máxima estrella, y que en el curso del partido descontó también a Iniesta, que no es poca cosa. El rival, era un más que apañado conjunto alemán ante la oportunidad de su vida. El Bayer dominó el juego en muchas fases del partido y el Barça pasó las de Caín a pesar de acabar venciendo. El Barça levantó un partido que tenía perdido por juego gracias a una generosa combinación de suerte, clase y bisoñez del rival. El Barça se fue al vestuario con el eco de los silbidos de su público resonando en los oídos. ¿Es eso lógico y justo?
Injusto pero lógico. Me parece que es absolutamente injusto abuchear a un equipo que lo ha ganado todo en momentos de dificultad. Y más, si la pita se da en circunstancias como las actuales en las que se combina una sanción de la FIFA, las lesiones, un rival de nivel y la salida de jugadores como Xavi y Pedro a los que no se les ha podido encontrar recambio decente. Pero por otra parte, la bronca es lógica.
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Empleados en vez de ídolos. La política actual de comunicación en el Barça (y en el resto de grandes clubes europeos) lleva a tratar al aficionado como un mero cliente y no como a una parte de la institución. Gracias al alejamiento sistemático de los medios de comunicación del entorno del equipo, el socio ya ha dejado de reconocer a los jugadores como uno de los suyos. Los tiene como a empleados. Y si el empleado no rinde, se le abronca. Ese es el mundo en el que vivimos. Y suerte tienen los futbolistas de élite que a ellos no se les aplica el despido libre. Sin entrevistas, reportajes y contacto de los medios de comunicación con los jugadores, éstos se convierten en extraños para un público que se relaciona con ellos en la consola de videojuego.
¿Quejarse o arreglarlo? Luis Enrique se quejó de los pitos, y con razón, pero la manera de evitarlos es acercar al equipo al público, no aislarlo del mundo.



