Ha llegado la hora de señalar a los sospechosos habituales

El deporte favorito. En un club tan esquizofrénico como el Barcelona, en el que la historia antigua se remonta al último resultado, ha llegado el momento de empezar a practicar uno de los pasatiempos favoritos del entorno blaugrana: buscar culpables. Ante cualquier revés, la norma número uno del libro de estilo del Barcelona obliga a buscar un cabeza de turco. Como la entidad es poliédrica a más no poder, la ecuación tiene una solución diferente dependiendo de quien la resuelva. En el fondo, nada cambia de otras debacles. Siempre reciben los sospechosos habituales.
El portero. La moda entre la tribuna y buena parte de la prensa es atizarle sin piedad a Ter Stegen. Sí, el mismo que con 22 años formó parte del equipo que ganó la Copa y la Champions. Teniendo en cuenta que sólo tres porteros han ganado esta competición con el Barça, y el alemán es uno de ellos, parece un poco bruto cargarle a él el mochuelo, pero la memoria es efímera. Puede que el alemán no esté pasando su mejor momento, pero me parece que el 90 por ciento de los goles que se ha comido Ter Stegen se los hubieran hecho a cualquiera. El problema es estructural, no particular.
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La Prensa. Ha sido llegar la primera derrota liguera del equipo desde lo de Anoeta, y trascender que el Barça va a prohibir a los periodistas viajar en su mismo avión a los desplazamientos. Una decisión que hace tiempo que se maduraba en el club y que ya es de inminente aplicación. Puede que sea casualidad que haya salido a la luz pública tras el atropello de Vigo, pero tampoco nos chupamos el dedo. El Barça lo ha ganado todo manteniendo una relación normal (menguante, eso sí, con la Prensa) de la misma forma que lo ha hecho la Selección española de fútbol o de basket. El Madrid, en cambio, no ganó más cuando Mou decidió alejar a los periodistas. Otros sospechosos habituales rumbo a la rueda de reconocimiento.
El empedrado. Aquí entran aspectos diversos, que van desde los árbitros a la pretemporada, pasando por la sanción de la FIFA, la campaña electoral, los postes o extrañas lesiones. De momento, la junta, que se llevó todos los palos hace nueve meses, está fuera del debate, pero en cuanto haya otro mal resultado no les salvará nadie de la rueda de sospechosos.



