El futbolista ante la puerta de la desgracia
Rafinha: su dolor se vio en la tele.
Rafinha estará seis meses fuera de los campos de fútbol. Es su oficio, fue el de su padre, es el de su hermano Thiago, que juega en el Bayern de Guardiola. Le pasó a Guardiola, por cierto, y le sucedió al propio Thiago. Le pasó a Víctor Valdés, que ahora pena en la zona de descanso del fútbol mundial. Le ha pasado a tantos.
El dolor de Rafinha se vio en la tele; el árbitro se hizo el sueco, que no era su nacionalidad, y dejó pasar la jugada como si la víctima pasara por allí y la lesión resultara fruto de la casualidad. No lo fue, era evidente, lo dijo Daudén Ibáñez, que estaba sentado en el locutorio de Carrusel. Lo vimos todos los que vimos el partido. El parte médico llegó más tarde que la percepción de que aquello iba a ser grave. Inmediatamente se pusieron en marcha algunas medidas burocráticas que podían paliar la desgracia… del Barça. La desgracia del futbolista estaba decretada ya; los medios fuimos rápidamente detrás de la posibilidad de que al equipo azulgrana le aliviaran del suceso los abogados de los que dispone. Es evidente ahora que eso no será posible: Arda Turán seguirá ‘sancionado’ por la FIFA por el mal comportamiento del club en el tejemaneje de los fichajes de los muchachos.
La burocracia no arregla al Barça. Y nada resuelve lo que le sucede ahora al prometedor mediocentro, extremo o lo que sea, al que educaron Guardiola y Luis Enrique para tratar de emular, si puede, al gran Xavi que nos dejó. Albert Camus tiene unas líneas memorables en su novela principal, El extranjero; no tiene nada que ver con Rafinha, naturalmente, pero cada vez que escribo o escucho la palabra desgracia la recuerdo. El protagonista del relato confiesa que, una vez cometida la hazaña oscura que le cambió la vida para mal, fue consciente entonces de que había tocado “la puerta de la desgracia”.
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En este caso, en el caso de Rafinha, el jugador entró en el campo confiado en proseguir su buena racha, que lo ha situado con éxito en el puesto de Pedro, avanzó hacia la posición de Rakitic, a quien había sustituido, y menos de dos minutos después de su arrancada cayó fulminado por el rayo de una entrada alevosa y aviesa. Como si hubiera tocado en la puerta de la desgracia.
Ahora estará seis meses de baja; los mortales estamos sometidos a la suerte y a la mala suerte; mientras penamos los castigos casuales del azar, la vida nos va entreteniendo, nos da lecturas, conversación, ciertas esperanzas. ¿Qué hacemos si nuestro oficio, y nuestra vocación, es la de ir tras el balón? Poco, esperar, conversando, leyendo, teniendo ciertas esperanzas. Pero que un joven así, o cualquier persona, caiga y ya no pueda ser en un tiempo lo que quiere ser es como tocar en la puerta de la desgracia. Que le sea leve a él; ¿el club? El club puede esperar.




