El reto de Rafa Benítez
Hay que reorganizar las jerarquías para que Bale explote su talento.
Lo grande de Carlo Ancelotti es justamente lo mismo que al final le expone como entrenador de recorrido medio. Esto no es una crítica a su extraordinario currículum, sino un intento de análisis de su aportación a los equipos.
En su primer año en el Chelsea, en el PSG o en el Real Madrid, consiguió ganarse a los jugadores con su saber estar, su experiencia, ordenando las jerarquías según la importancia de sus pupilos, sin forzar cambios, sin demasiadas exigencias tácticas pero poniendo cierto orden. Y el grupo responde. En su segundo año, tras los éxitos, Ancelotti no es de los que intenten cambiar nada. Más bien al contrario. Hay quien piensa (Alex Ferguson por ejemplo) que cuando todo el mundo está cómodo, justo después de ganar, hay que introducir piezas e ideas nuevas, retar a los futbolistas para que no se duerman. Ancelotti dejó de aplicar al equipo algunas de las cosas que empezó a hacer el año anterior, fiándose no tanto a la estructura del conjunto, sino a la calidad individual. Así, a la larga, siempre se gana menos.
Por eso el trabajo que debe realizar Rafa Benítez y su equipo es doble y es lo que el club exige: por un lado, cambiar la dinámica para que el equipo despierte y tenga nuevas respuestas cuando surjan problemas sobre el campo; por otro, como todo el mundo sabe, hay que reorganizar las jerarquías para que Gareth Bale pueda explotar todo su talento. Y cualquier movimiento de piezas, en una plantilla escogida a partir principalmente del modelo de negocio y no tanto de las necesidades deportivas, es un quebradero de cabeza. Ahí, cualquier entrenador tiene varias opciones: darle el equipo a los que tiene más talento o peso; intervenir mucho; o escoger las batallas. Benítez está en el tercer grupo. Quizá (y al no ver los entrenamientos cuesta confirmarlo) prefiera dar libertad a los de arriba para que poco a poco se vayan acoplando, y se esté dedicando a ordenar el equipo para que pierda el balón mucho menos de lo que se hizo en la primera parte ante el Sporting y asegurarse que haya un poco más de equilibrio sobre el césped.
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Equilibrio: palabra clave de cualquier entrenador de fútbol, la use en público o no. El problema es que hay más de uno y más de dos jugadores que piensan a la antigua: con hacer cosas con el balón ya vale para conseguir resultados en el campo. Y esa es otra batalla que deberá empezar en algún momento de la temporada; si no consigue que defiendan todos, se ganará muy poco en la 2015-16 (y el Madrid tiene la presión de que sólo ha ganado una de las últimas siete Ligas).
Mientras tanto, el jugador que se siente amenazado o malquerido utiliza la Prensa para lanzar mensajes en lugar de mirarse a sí mismo y reflexionar si está dando suficiente al equipo. Menuda papeleta para el entrenador...




