El Lincoln FC gibraltareño hace historia y Tommasi vuelve a los 41

Pionero. La primera ronda previa de la Champions dejó la pasada semana una historia extraordinaria. Es la del Lincoln Red Imps FC. El equipo, entrenado por un español, Raúl Procopio, central del Cádiz en los 90, se convirtió en el primero de Gibraltar (UEFA desde 2013) en superar una eliminatoria europea. Le ganó 1-2 al Santa Coloma, en Andorra. Y en su viaje, un cruzar la península en AVE y autobús, tanto a a la ida como a la vuelta, sólo se escuchó una música, la de Pablo Alborán.
Casi profesional. “Tenemos su CD gastado. Lo ponemos siempre. Nos da suerte...”, explica Raúl. Y da más datos del milagro. Porque la suya es una liga amateur, en la que juegan ocho equipos y hay tres vueltas. “En el mío casi todos viven de otra cosa”. Hay policías, bomberos y hasta quien trabaja en la frontera. Pero todos sacan un ratito, cada tarde, para entrenarse, aunque sea en Castellar, un pueblo cerca de La Línea, a 30 minutos en coche. En Gibraltar no hay campos ni instalaciones suficientes. Y, aún así, si hace siete días cenaban churrasco y cerveza para celebrar la gesta, hoy buscan continuarla ante el Midtjvlland danés. “Ellos son superiores, pero a ilusión no nos ganan”. Y en su autobús, claro, tampoco suena Alborán.
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Segunda prórroga. Damiano Tommasi, ex del Roma y del Levante, ha vuelto a hacerlo. Retirado en 2011 (es presidente del sindicato de futbolistas italianos desde entonces), hace diez años era noticia por cobrar 1.500 euros al mes mientras se recuperaba de una rotura de ligamentos en la rodilla. Ahora, la semana pasada, volvía a jugar una eliminatoria en Europa. Fue con La Fiorita de San Marino. Con 41 años y dos meses. Y, además, marcaba en el partido de vuelta, aunque su equipo fuese eliminado. “Volví por mis hijos. Eran muy pequeños cuando fui profesional y no me habían visto jugar”. Sólo en fotos. O en vídeo. Ahora ya pueden presumir de haber visto a su padre dedicarles un gol de Europa League.
Por mi equipo. La historia de Hristo Sakantiev es de esas que te pellizcan el corazón. Y bien podría leerse en aquel libro de Nick Hornby, Fiebre en las gradas, que cuenta qué puede llegar a hacerse por unos colores. Lo de Hristo fue un viaje Bulgaria-Lituania en autobús por el verde de la camiseta de su equipo, el Beroe Stara Zagora. Éste se jugaba fuera de casa el pase a siguiente ronda de Europa League... Y no ganaba un partido UEFA desde 1980. Pero esta vez hubo final feliz. El Beroe eliminó al Kalipeda. Y Hristo lo vivió en directo, a 5.000 kms de casa y con 83 años recién cumplidos.



