Roelio, Luisito y el mito de Sísifo

Roelio, Luisito y el mito de Sísifo

Mi vida es un puto sufrimiento”, dijo Luisito al perder la tanda de penaltis contra el Mensajero que nos enviaba a la repesca. Luisito es el entrenador del Pontevedra, agitador infatigable en la banda de Pasarón, pelo acaracolado en la nuca y surcos en la cara. Si el ‘puto sufrimiento’ es su sino, no les voy a contar el del aficionado medio granate. En el instituto identificábamos el mito de Sísifo con nuestro club, siempre subiendo piedras ladera arriba para que justo antes de coronar se despeñase de nuevo hacia la base de la montaña. Eso fue lo primero que pensé cuando acabó la prórroga con el Mensajero y fuimos a los penaltis. Nunca habíamos ganado una tanda y esta vez no fue una excepción, aunque nos quedaba la repesca para seguir alimentando nuestro fatalismo.

Y en esto apareció Roelio, nuestra mascota, acusada impunemente de ser la más fea del mundo, que una cosa es que nosotros sepamos que realmente es fea de carallo y otra que nos lo vengan a decir a la cara. Roelio nos emparenta con nuestro pasado más glorioso, la ciudad salió en defensa de su símbolo y Pasarón se llenó con 12.000 espectadores que rugieron cuando, a falta de 15 minutos para empezar el último asalto por el ascenso a Segunda B ante el Haro, salió al centro del campo para saludar al respetable.

El Pontevedra es un club de costumbres. Tan mal se nos dan los penaltis como bien la portería del Fondo Norte, donde debe haber enterrada una gigantesca roca de magnetita que dirige siempre la aguja de nuestra brújula en la dirección correcta. Hasta donde me alcanza la memoria todos los grandes goles de nuestra historia los hemos metido en esa portería.

El anterior ascenso que disfrutamos fue hace 11 años y en la misma fecha que el de anteayer, un 27 de junio. También entonces como ahora atacamos en la segunda parte contra Norte tras llegar 0-0 al descanso, y también acabamos ganando 3-0 y ascendiendo.

Tras derrotar al Haro la noche se tiñó de bengalas granates en la Plaza de Teucro. El móvil ya se me había muerto a las cuatro de la mañana mientras apuraba un JB junto a Luisito. El último mensaje que recibí fue un sms de Vicente del Bosque del que fui presumiendo hasta que se me agotó la batería: ‘Felicidades a todos los Roelios’. Una gran verdad. Desde este 27 de junio en Pontevedra, Roelio somos todos.

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