Centenario sin traumas
Los bielorrusos dieron patadas hasta en el carné de identidad, pero España tiró de calidad (Silva se encarga de esas cosas) y oficio para acabar con Bielorrusia. Ya llueve menos. Hay que unirse todos de nuevo para volver a crecer. Y creer.

Misión cumplida. Empecemos por lo realmente importante. España ganó en la caja de cerillas de Borisov (no es normal jugarte el billete a la Eurocopa en un estadio de 13.000 espectadores). Los bielorrusos difícilmente firmarán nunca una gran gesta en el fútbol (lo suyo es el hockey sobre hielo), pero con el calor de los suyos y un portero on fire a pesar de ser un novato (Gorbunov) casi le amargan a Del Bosque su feliz centenario. Y digo feliz porque desde el triste y calamitoso Mundial de Brasil no había manera de ver sonreír a la Selección dos días seguidos. Y ahora, así ha sido. 2-1 a Costa Rica en León y 0-1 en Bielorrusia. Acostumbrarse a ganar, recuperar una inercia positiva, tomar decisiones sin miedo y recuperar la autoestima extraviada en una aciaga tarde en Salvador de Bahía. Se trataba de ganar y de algo más. Jugar bien. Para lograrlo, el míster tiró de un equipo-base plagado de experiencia. De hecho, a excepción de Morata todos eran integrantes de la selección de estos últimos años. Experimentos con gaseosa. Y los leales respondieron con creces. El resultado final no tiene nada que ver con el algodón. Engaña.
Arranque ruidoso. Aunque Del Bosque le dijese a Maroto que le gustan más Julio Iglesias y Serrat que Kevin Roldán (ya somos dos los que compartimos gustos musicales, Vicente), el equipo nacional arrancó el partido ante la tropa de Hleb tocando heavy-metal. Presión endiablada arriba (Morata y Pedro parecían dos coyotes hambrientos), Alba entrando como un puñal por la izquierda, mientras que Silva, Cazorla y Cesc fabricaban pases y paredes de todos los colores. El tal Gorbunov ya tuvo que emplearse ante Pedro en un mano a mano antes de cumplirse el minuto 2. Pero el gol no llegaba y ellos iban asomando la patita. Nada que perder. Kornilenko, el nueve hormigonado de los exsoviéticos, era un islote aplastado entre las twin towers de España (Ramos-Piqué). El central sevillano avisó arriba con dos cabezazos impetuosos. Cuando buscaba el tercero provocó el único error de Gorbunov en toda la velada. Silva, atento, puso su zurda de seda con un cañonazo que sorteó un bosque de piernas, troncos y cabezas bielorrusas. 0-1 al descanso. Fantasmas fuera. Justicia infinita.
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Casillas no se rinde. No es un eslogan de su club de fans. Es la verdad. Iker recupera su energía emocional con España. Aquí el brazalete no le pesa, le agiganta. Se sabe querido y valorado. Eso es la vida, señores. En la segunda parte le llegaron dos veces con muy malas intenciones. Resolvió un mano a mano con Kornilenko a lo Robben. Pie derecho mágico desviando un gol seguro. Después desvió un lanzamiento lejano que buscaba ese 1-1 que hubiera encendido las alarmas. Iker no se ha ido. Pedirle que sea el de Sudáfrica es absurdo, como lo era exigirle a Raúl que con 33 años metiera los mismos goles que en los años que era Pichichi de Champions y Liga. Casillas llegará bien a la Eurocopa de Francia. Luego, sus actuaciones hablarán por él.
Felicidades, míster. Del Bosque pudo irse tras el batacazo de Brasil. Cierto. Pero ahora ha cumplido su partido 100 con buenas sensaciones. Los goles ya llegarán jugando así. Y no olvidemos que es el seleccionador con mejor porcentaje de victorias (78%), por encima de Zagallo (70%) o Löw (67%). Aparquemos las diferencias y volvamos tras el verano con más energía y ganando a Eslovaquia el 5 de septiembre en Oviedo. ¡Vamos!



