Tebas sabe lo que ha pasado en el Elche

El Elche vive uno de los momentos más complicados de sus 92 años de historia. La Liga de Fútbol Profesional (LFP) amenaza con su descenso administrativo sin tener en cuenta las circunstancias que han rodeado al club ni el esfuerzo realizado por el nuevo Consejo de Administración para reflotar la situación económica. El expediente que tiene abierto apunta a la deuda que la entidad franjiverde mantiene con la Agencia Tributaria, cuya cantidad exigible, de forma inminente, es de 3.592.389’86 euros. El nuevo presidente, Juan Anguix, llegó a un acuerdo con Hacienda el pasado jueves: garantizó el cumplimiento mediante un pagaré conformado de Banco Mare Nostrum (BMN) y aplazó el resto con un aval del banco suizo UBS.
La Liga sabe que el destrozo económico del Elche no lo ha causado esta directiva, sino la anterior. No pueden ser responsables los aficionados, la entidad y sus profesionales. El Consejo de Administración que presidía José Sepulcre fue inhabilitado y esa sanción, en estos momentos, se encuentra bajo el paraguas de una suspensión cautelar. ¿Debe pagar el club por la negligencia y mala gestión, como han demostrado los números rojos y ha comprobado en primera persona la patronal, de sus directivos? Hay quien piensa que ese derroche ha podido romper las reglas del juego y ha servido “adulterar” la competición, con fichajes como el de Jonathas, pero nada más lejos de la realidad.
El equipo de Fran Escribá ha competido esta temporada con sólo 17 jugadores profesionales, con un presupuesto en jugadores y técnicos de apenas 10 millones de euros. Vamos, a la altura del Eibar. Y muy por debajo que otros que deben más, como el Getafe del que casi nadie habla y parece que nadie duda su existencia en Primera División. Ahí estuvo la gracia de Víctor Orta. A esos 17 profesionales se unieron los canteranos Cristian Herrera, Álvaro Giménez y José Ángel Alonso para tener, al menos, futbolistas para competir con algo de garantías. El resto lo puso el trabajo de un buen cuerpo técnico, de unos jugadores súper comprometidos y de una afición como hay pocas en España. Es la octava en número de Primera División.
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El Elche ha presentado unas garantías firmes de pago con Hacienda que no han sido efectivas aún porque la institución, como empresa, está inmersa en un proceso de ampliación de capital que propiciará que el nuevo presidente se haga con un volumen importante de acciones para garantizar su poder al frente de la nave franjiverde. Ahora mismo no tiene ese respaldo. Si Javier Tebas, con sus avisos y sanciones, fue incapaz de tirar a la anterior directiva, sabe perfectamente que los recién llegados sólo suman cinco semanas de trabajo. Un poco de margen, al menos. No se le puede pedir a unos empresarios, en un mes, poner 4 millones de euros sin una garantía accionarial para defender sus intereses. Porque el fútbol hay que gestionarlo como una empresa, o al menos eso dice Tebas. Pago garantizado, pero efectivo el 28 de julio, cuando la segunda fase de la ampliación permita convertir de forma inminente el capital aportado en acciones.
El Elche es un club con más de 25.000 abonados, un estadio cinco estrellas y una solera que le permite estar entre los 25 clubes más importantes de España. Aficiones Unidas eligió a la de Elche como la mejor afición de España y a finales de mes celebrará el Congreso Nacional de Peñas, veremos con qué cara. Eso no le da para saltarse las normas, por supuesto que no, pero también hay que interpretar la situación por la que tanto ha peleado la Liga y en la que ha cogido la bandera la directiva que ahora gestiona el Elche. La LFP ha estado al corriente de todos los movimientos. Hay acuerdo con Hacienda, hay predisposición al cambio y se asume el castigo de no poder firmar ni en verano ni en invierno. No se puede hacer más para salvar al Elche. Y Javier Tebas lo sabe.



