Guardiola y los hábitos

Guillem Balagué
Redacción de AS
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Una semifinal que fue más desigual de lo que refleja el marcador sólo se explica por accidentes: el Bayern tenía lesionados a los desequilibrantes. Y es una pena porque este Barcelona merecía un rival que le hiciera preguntas comprometidas. Su efectividad y buen juego están fuera de duda y permitió que la segunda parte la dedicáramos a debatir. Si la final de Champions de 2011 es el punto álgido del Barcelona de Guardiola, lo de ayer fueron dos versiones avanzadas de esa idea. El Barça es control y contra; el Bayern, sin haber pasado por las lecciones de Cruyff, intenta llegar a tiempo al máster de Pep, pero sus pupilos no acaban de tenerlo claro: necesita piezas nuevas.

Surge una duda: ¿se puede conseguir lo que pretende Pep con jugadores no nacidos en nuestra versátil cultura futbolística? Cambiar los hábitos es el reto. El partido y los accidentes no dieron para responderla. En Múnich continuará el experimento. En Barcelona, la felicidad.

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