Buscando premio al buen juego
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El Celta acorraló el pasado domingo al Barcelona y estuvo a punto de obligarle a hincar la rodilla, como ya hiciera en la primera vuelta en el Camp Nou. Solo le faltó la pegada que sí tuvo en aquella ocasión. La muerte ante los culés fue dulce, pues perder ante el líder entra en los planes y la imagen fue más que satisfactoria. Ahora deben dar continuidad a ese buen juego y traducirlo en victorias. En Vigo están convencidos de que, jugando como ante los azulgranas, no tendrán problemas para conquistar Los Cármenes y sellar la salvación.
Los vigueses se encuentran ahora mismo en tierra de nadie (a diez puntos del descenso y a diez de esa séptima plaza que puede ser la puerta de Europa). Ganar en Granada supondría la permanencia virtual y mantener viva la ilusión de alcanzar al Málaga. Enfrente estará un equipo herido en su orgullo y un entrenador al que el Celta le debe mucho. No se valoró en Vigo lo suficiente la labor de Abel Resino. El técnico cogió a un equipo muerto y lo resucitó. Sólo había un 4% de opciones de salvarse y él las multiplicó hasta convertirlo en realidad. Se le podrán discutir muchas cosas, ¿pero dónde estaría el Celta ahora si Abel Resino no lo hubiera salvado?




