Un Sevilla en las nubes

Emery no se complicó en la charla técnica. “Encerraditos y a la contra”, fue su mensaje en el hotel. Y algo más. El saque inicial sería una declaración de intenciones. Un balón a las nubes hasta donde se subió Iborra. El 0-1 marcó el partido y validó el plan del Sevilla, más alto y más fuerte que el Villarreal. Reyes y Banega, los estilistas, dejaron paso a Mbia, Iborra y Krychowiak. Emery despreció enfrentar el talento de uno y otro equipo. Sabía que el partido estaba en otros registros, que allí haría la diferencia.

 Y triunfó. El Sevilla puso pie y medio en cuartos agarrado al talismán Mbia y al factor francés. Gameiro, el hombre del cuarto penalti en Turín, habitual y buen suplente, estuvo sutil en la asistencia del 0-1 y letal en el 1-3 que aplacó el fuego del gol de Vietto. Desde el palco, además, Del Bosque vio las mejores versiones de Vitolo, que ha añadido gol a su exquisito desequilibrio, e Iborra, desatado desde que Emery decidió adelantar su posición diez metros en el Bernabéu. El tipo es devastador. Y asusta. Disfrutó el Sevilla, que se siente fuerte, como si hubiese iniciado una nueva misión. Al camino a Varsovia, sin embargo, le falta un pasajero. Deulofeu ni viajó a Villarreal. El vestuario del Sevilla, dicen, es de mármol. No debería salirse del carril.