Marcelino en mitad del gran viaje

Juan Jiménez
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Algo perezoso en la primera fase, los dieciseisavos activaron al Sevilla. El Moenchengladbach le tuvo en alerta los meses que fueron del sorteo a la eliminatoria y en el Borussia Park volvió a gustarse, le afloraron los recuerdos de Turín y comprendió todo lo que le gusta esta competición. Por eso se ha puesto manos a la obra, a empezar otro viaje apasionante hacia la gloria. Esta vez hacia Varsovia. La del año pasado fue una historia épica y afortunada, con episodios icónicos en el Villamarín, Mestalla y el Juventus Stadium. Con goles en el descuento, desenlaces favorables en tandas de penaltis y, especialmente, un corazón enorme que le permitió levantar el título ante el Benfica el 14 de mayo.

En mitad de la gymkhana de este año se ha colado Marcelino, que el 7 de febrero de 2012, un día después de ser destituido como entrenador del Sevilla, se lamentaba en un corrillo de amigos. Se había quedado a la mitad entre Palop y Javi Varas, no se había impuesto a Kanouté y había heredado los peores vicios del viejo equipo campeón que ya se había desgastado. Fue una víctima del sistema. Marcelino sabía que tenía dentro mucho más y que tal vez había perdido una ocasión única. El tiempo ha demostrado que no y hay que felicitarse por ello. Hoy se ve en fabuloso duelo con Emery. El entrenador que respondió a las ventas de Medel, Kondogbia, Navas y Negredo con una Europa League. Gigante.

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