El chaval Ödegaard se hace un 'Efecto Streisand' en toda regla

Santi Giménez
Subdirector de AS
Nació en Barcelona en 1968. Estudió Ciencias de la Información y Filosofía. En 1988 entró a trabajar en la revista Barcelona Olímpica, en 1990 en el diario Las Noticias. Tras cerrar ambos medios se incorporó al Diario de Barcelona en 1990, que no cerró hasta 1994. En 1994 entró en SPORT. Se incorporó al Diario AS en 2010, donde es Subdirector.
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El cinismo y la vergüenza. En un tiempo en el que las empresas rastrean como perros de caza la actividad en las redes sociales de cualquier candidato a ocupar un puesto de trabajo antes de saber si sabe hacer la O con un canuto, me parece el colmo del cinismo afearle al nuevo fichaje madridista Martin Ödegaard el hecho de que hace unos meses hubiera puesto unos tuits elogiosos respecto a Messi. Es tan malintencionado reprochárselo como estúpido que instantes antes de ser presentado por el Madrid, el noruego los borrara. Hablamos de un chico de 16 años. Y con 16 es normal que utilices las redes sociales y más normal aún si te gusta el fútbol (tengas 16, 25 ó 84) que te guste Messi. Leo le debería gustar hasta a los que odian el fútbol. Otra cosa son los fanáticos bufanderos.

Mal consejo. Lo preocupante del caso es que en el momento de firmar por el Madrid alguien le sugiriera al crío que borrara esos tuits. Peor sería si los ha borrado por iniciativa propia. Eso querría decir que con 16 años ya ha asumido la religión de la militancia y de la fe inquebrantable a unos colores que no le vienen de cuna al tiempo de un pánico cerval a la opinión de las masas.

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Efecto Streisand. Con su manera de actuar, Ödegaard, o los que llevan años acunándole para hacerse millonarios con él, han provocado el efecto contrario, ése que es conocido como el Efecto Streisand. En el año 2003, el fotógrafo Kenneth Adelman realizó una serie de fotos aéreas de la costa de California para documentar la erosión de la zona. El reportaje pasó sin pena ni gloria hasta que la cantante denunció al fotógrafo porque en una de esas fotos aparecía su mansión, que había pasado inadvertida hasta entonces. A partir de entonces, todo el mundo acudió al reportaje para ver el casoplón de Streisand.

Antes de Twitter. El joven noruego se ha hecho un Streisand en toda regla. A nadie le hubiera escandalizado que un chico de su edad admirara a Messi, eso no significa odiar al Madrid ni despreciar a Cristiano Ronaldo. Quizás alguien debería explicarle a los que van a hacerse ricos a costa del chaval (ya llegamos tarde) que el entrenador del Barça fue muy feliz cuando le llamó el Madrid y que el capitán del Barça acabó jugando de blanco. Y Twitter ni existía.

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