Sergio, el entrenador con insomnio; Bebé, el futbolista del orfanato

Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Revelación. A pesar de sus serios problemas económicos, que muchos de sus trabajadores silencian por el bien de la entidad, el Espanyol de Sergio se llevó un buen alegrón el martes ante el Valencia. Después de un inicio titubeante, el entrenador empieza a asentarse. De entre las manías que cuentan sus íntimos destaca una. Obsesionado por los partidos, Sergio sufre de insomnio. Así, no es extraño que a las cuatro de la mañana despierte a alguno de sus ayudantes para hacerle hincapié sobre algún asunto táctico. Sergio, por cierto, es el gran valedor del fichaje de Caicedo. Lo conoció en el Levante, donde el ecuatoriano ya triunfó después de unos días más difíciles en Málaga. Entonces, y a pesar de colaborar en la salvación blanquiazul, tuvo que luchar con una imagen de sobrepeso que no se correspondía con la realidad: 1,85 metros, 78 kilos.

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Esperanza. El Córdoba es, junto al Sevilla, el mejor equipo de 2015. La rajada de Djukic en el Camp Nou (“hemos venido a pedir camisetas, siento vergüenza; a partir de ahora sólo jugarán los que tengan huevos”) estimuló al vestuario, que ha ganado los dos partidos del año y celebra el debut de un jugador de trayectoria singular. Tiago Manuel Dias Ferreira, Bebé, fue abandonado en un orfanato por sus padres a los diez años. Vivió en una institución de caridad, Casa do Gaiato, y participó en un Mundial de Homeless (“sin techo”) en 2008. Jorge Mendes lo llevó del Vitoria de Guimaraes al Manchester United. Su carrera, sin embargo, paró ahí. Después de pasar por Besiktas, Rio Ave o Paços Ferreira, el Benfica lo ha cedido al Córdoba.

Fichaje retroactivo. Seis temporadas después de que Antonio Tapia intentase su fichaje por el Málaga y con casi 33 años, el veleño Javi Guerra jugará al fin en el primer equipo de su tierra, que dejó en etapa juvenil rumbo al Espanyol. Llega aburrido procedente del extraño Cardiff City, de donde también ha salido Juan Cala en los últimos días dirección Getafe. “Hemos estado exiliados en los últimos seis meses allí, sufriendo y pasando malos momentos”. Al central le obligaron incluso a entrenarse con el equipo de chavales. Cualquier cosa parecía posible en un club cuyo dueño (Vincent Tan) cambió los colores del equipo del azul al rojo de la noche a la mañana.

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