Peter Lim gozó con su Valencia

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El Valencia comenzó haciéndole el pasillo al Real Madrid y acabó truncándole su racha de 22 triunfos consecutivas. La del Valencia fue una victoria de fe. Su fútbol no engañó a nadie, y eso se llama identidad. Fue un equipo aguerrido de principio a fin. Cierto es que algo alocado en algunas fases de la primera mitad, en las que entre el gol de penalti de Cristiano y la retahíla de tarjetas que le mostró Gil Manzano, se descentró. Pero pudo y supo sobreponerse sin encajar un segundo gol que hubiera sido mortal e incluso pudo irse al descanso con empate de no ser porque el palo repelió un disparo de André.
En la segunda mitad se vio al mejor Valencia, con Diego Alves apareciendo de la nada cuando tocaba; con Mustafi, Otamendi y Orbán infalibles (tres buenos centrales fichados por Rufete y Ayala y con el sello de éste último); con Parejo, André y Enzo más centrados; con Barragán (pendiente de renovar) y Alcácer más presentes; con Negredo desquiciando a Pepe y dando pausa y templanza a cada ataque (de hecho el equipo añoró ese fútbol de espaldas que él ofrecía cuando fue sustituido); y con un espectacular Gayà, que fabricó la jugada del gol del empate y mareó con sus arreones a Carvajal. Y con una grada de Mestalla volcada y que gozó de lo lindo. Como Peter Lim.



