Isco, bonito y bueno

Javier G. Matallanas
Importado de Hercules
Actualizado a

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Menudo golazo! Quitó las telarañas de la escuadra de la meta bielorrusa. Se acomodó la pelota a su pierna derecha y la golpeó con violencia al ángulo. El público del Nuevo Colombino había coreado su nombre en dos ocasiones antes celebrando sus regates de barrio, sus filigranas de gol regañado, sus controles preciosistas y precisos. “¡Isco, Isco, Isco!” El malagueño le dio color a La Roja en estos tiempos que su hermosura se pierde en tonos grises desde el Desastre de Curitiba. Isco es bonito y bueno. Es efectista y efectivo. Es un jugón con gol. Su único pero es no ser titular rotundo en el Madrid.

Su físico, su biotipo juega en su contra. El Madrid no le fichó de juvenil porque sus ojeadores le consideraron un jugador “culibajo y paticorto” sin recorrido hacia la élite. Y aún hay gente de fútbol que duda de su jerarquía por su falta de velocidad. Isco les lleva la contraria con su rendimiento. Isco enamora a pequeños y mayores. Su tirón es incesante e impresionante.

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