LeBron James
El Madrid está lanzado. De goleada en goleada hasta la victoria final. Y encima anoche se acostó líder tras un nuevo batacazo del Barça. Sábado de gloria para el madridismo militante. Esto promete, amigos.


¡La Undécima! El 6 de junio de 2015 se jugará la final de la Champions en Berlín. Me viene a la cabeza, aunque quede tan lejos, porque el Madrid del maestro Ancelotti alcanzó en Granada la soñada ¡Undécima! Premonitorio. Jamás había alcanzado el Madrid una goleada de semejante calibre en Los Cármenes, un campo complicado porque los granadinos se defienden con fiereza y entrega absoluta. Pero al Carlettoreal no hay quien le tosa. Actualmente es un equipo tocado por los dioses del fútbol. Su centro del campo es el Louvre. Kroos, Modric, Isco y James garantizan un juego de alta tecnificación, sólo al alcance del Brasil de Pelé, el Ajax de Cruyff, el Madrid de la Quinta del Buitre o el Madrid de Zidane, Figo, Raúl y Ronaldo. Me decía ayer mi cuñado Álvaro que a este paso en los bares que ponen por televisión los partidos de los campeones de Europa van a tener que contratar acomodadores y vender palomitas. Esto es mucho más que fútbol. Es el séptimo arte. Es cine. Esto es Hollywood…
¡Viva Colombia! Lo de James Rodríguez empieza a ser deslumbrante. Ya avisó en Riazor y el Ciutat de Valencia con dos trabajos de orfebrería. Su golazo de ayer habría que donarlo a la ciencia. Esa volea, según le caía el balón del cielo, con la escuadra como destino sólo está al alcance de los elegidos. Este chico es puro espectáculo. Es LeBron James. Esto me empieza a recordar a los 96 millones de Cristiano o los 30 de Pepe. Al final, lo caro sale barato. El Bota de Oro del Mundial tiene 23 años y un blanco futuro por delante.
La máquina. Cristiano leyó en la mañana de ayer el AS. Vio la portada y se vino arriba. Partido 700 de su carrera. Agradeció la cuenta abriendo la lata con su gol número 448. En el Madrid, es el 274 que mete en 261 partidos, con un promedio que no alcanzó ninguno de los otros grandes de la historia. Es su tanto 22 en lo que va de curso y el 50 en lo que llevamos de 2014 (29 en Liga, 11 en Champions, 5 con Portugal, 3 en Copa del Rey y 2 en Supercopa de Europa). Es más, con sus 17 goles en Liga ya ha igualado el Pichichi de la temporada 1983-84, que compartieron con esa cifra mi añorado Juanito y Da Silva (Valladolid). Ellos lo hicieron en 34 jornadas. Cristiano, en los nueve partidos que ha jugado. No es de este mundo…
Caparrós. Joaquín mete a sus equipos una sobredosis de intensidad. Sus conjuntos siempre fueron al límite y eso habla a favor del utrerano. Pero alguno de los suyos se extralimitaron en la primera parte, con entradas destempladas que no venían a cuento. Una cosa es jugar con pasión, y otra sin compasión.
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El libro de Ancelotti. Asistí al aplastante triunfo ante el Granada en el Bar Rey de Copas, sede de la Peña de La Granja (Segovia). Allí estaban Fran, Chema, Guille y Aldana, ese fino mediapunta gaditano de finales de los 80 e inicios de los 90 que está enamorado del italiano: “Tomás, lo bueno de Ancelotti es que ha recuperado la esencia del Madrid de siempre. Y además está Hierro, que es un líder para los jugadores”. Ancelotti se ha ganado al vestuario. Y los futbolistas matan por él. Un tipo inteligente.
Que siga la fiesta. Este Madrid no tiene techo. La afición ya está soñando con una goleada el martes al Liverpool. El entusiasmo no tiene límites. Me lo recuerdan las nuevas peñas de Sineu (Mallorca) y La Flor Blanca de Loeches. También la Villaodense de Villaviciosa de Odón, La Zalona de Sorvilán y Navalvillar de Pela. ¡Hala Madrid!



