“Yo era sólo un boxeador y él, en cambio, historia...”

Jesús Mínguez
Redactor Jefe Más Deporte
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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El Ali-Foreman resistirá al tiempo, porque en Kinshasa se mezclaron magia, deporte e historia para cristalizar en leyenda. Si no ha oído hablar de este combate, busque When we were kings (Cuando éramos reyes), el documental de Leon Gast, y verá a Ali corriendo por las calles, rimando sus bravatas mientras los chavales le jalean: “Ali, boma ye!” Una imagen millones de veces repetida. Un icono del siglo XX. Ali, que rechazó el nombre de Cassius Clay por considerarlo de esclavos, iba a boxear en el continente de sus antepasados: “¡Vamos a provocar el estallido en la jungla!”. Y vaya si lo provocó. Los diez millones que Don King no tenía para enfrentar a Ali y Foreman, los encontró en la selva: en casa del dictador Mobutu Sese Seko. “Los países van a la guerra para poner su nombre en el mapa, y una guerra cuesta más de diez millones de dólares”, ironizó El Más Grande.

Ali se preparó con el durísimo Ken Norton como sparring, a quien había humillado Foreman. Se aculaba en las cuerdas y dejaba que le clavara golpes secos. Maceró su cuerpo para resistir el castigo. Y funcionó. Previamente, BB King y James Brown pusieron la banda sonora en el estadio. Negritud al cubo. El líder negro de África y América volvía a conquistar el campeonato mundial de los pesos pesados. Era algo más que boxeo. Floyd Patterson, otro excampeón mundial que acabó cegado por el resplandor de Ali, definió así al personaje: “Al final, comprendí que yo no era más que un boxeador y que él, en cambio, era historia”. Historia, sí: la de un estallido en la jungla.

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