Mestalla celebra su llegada

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Peter Lim, el hijo del pescadero, la novena fortuna de Singapur, ya es el dueño del Valencia. 94 millones tienen la culpa. Los que pagará por el 70,04 por cien del capital social del club. Por ello y por la credibilidad que él y su proyecto ofrecen a Bankia para refinanciar la deuda, que entre pitos y flautas asciende a 350 millones. Lim no es el primer máximo accionista que tiene el Valencia desde que le obligaron a convertirse en Sociedad Anónima Deportiva. En su día lo fue Paco Roig y también Juan Soler. Sí es la primera vez que el club fundado en 1919 cae en manos de capital extranjero, pero los románticos a los que no le agrada esa idea deben saber que si el Valencia se ha vendido es por la mala gestión de los valencianos que lo han dirigido o controlado.
Con Peter Lim se abre una nueva página de la historia del Valencia, aunque en verdad ésta comenzó a escribirse con la llegada de los Nuno, Rodrigos o Andre Gomes. Incluso Negredo no estaría hoy en Mestalla de no estar el asiático de por medio. De Lim, de su gestión, depende que el club renazca de sus cenizas y opte a éxitos como antaño, pero lo que a día de hoy es seguro es que sin Lim el Valencia estaría en riesgo de desaparición. Por ello la afición celebra su llegada. Por ello y porque está cansada. Harta de guerras, de crispación social. De las mismas caras, de los mismos gestos. Ahora el Valencia tiene un dueño, que para más inri es futbolero. Desde Benítez hasta Valverde hubiesen deseado estar en Mestalla con la paz que se encontrará Nuno.



