El irascible Amrabat, el corazón de Lucas Pérez y los viajes de Alcaraz

Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Hijo pródigo. A Coruña tiene nuevo héroe. A Lucas Pérez, recorrer el trayecto del barrio de Las Flores a Riazor, unos 15 minutos habitualmente, le ha costado 26 años. Criado por sus abuelos en la infancia, jamás se puso oficialmente la camiseta de su Deportivo hasta este verano. Buscó y no encontró en las canteras de Atlético y Rayo, con el que llegó a debutar en Segunda. Luego fue a por fortuna a Ucrania. Jugó en Karpaty Lviv y Dynamo de Kiev. Ahora está cedido por el PAOK, pero será difícil que vuelva a Salónica. Su primo le acompaña a diario al Mundo del Fútbol de Abegondo y ha vuelto a su pandilla y costumbres de siempre. Verle celebrar su primer gol con el Depor bastó para saber cuánto ha merecido la pena.

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Carácter. Nordin Amrabat, el delantero preferido de la afición del Málaga, es un tipo sin estridencias a pesar de llevar el dorsal 2 en su camiseta. Profundamente religioso y sin querencia por las salidas, ha elegido el centro de la ciudad para vivir con su mujer, pasa largos ratos en la playa de La Malagueta y ha aprendido a valorar el pescaíto, que devora. En el campo, sin embargo, se transforma. La temporada pasada perdió los papeles con un chaval recogepelotas de Osasuna que no le devolvía el balón. Inmediatamente le pidió perdón y le regaló su camiseta. Hace dos jornadas, Gracia le sustituyó contra el Granada y estrelló la sudadera contra el banquillo. Se disculpó delante de la prensa ante el técnico y fue el mejor en Córdoba. Amrabat, perseguido por Monchi este verano para el Sevilla, tiene un objetivo: jugar la Copa África (si se celebra) con Marruecos.

Profesional. Lucas Alcaraz llega al Levante con trabajo de base. En vez de alargar el verano en la playa de Motril, ha recorrido casi 7.000 kilómetros en dos meses para actualizar su base de datos. Lo hizo con discreción, en estadios con menos glamour como Cartagonova, Carlos Belmonte, Butarque, Ipurúa, Martínez Valero o El Toralín. La llamada de Quico Catalán completa una historia que empezó hace seis años, cuando se frustró su fichaje por el Levante cuando ya estaba en un hotel de Valencia. Para su nueva empresa, recurre a un talismán: Miguel Ángel Campos, el preparador físico con el que logró su primer ascenso a Primera con el Recre y llegó a la final de Copa en 2003.

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