En el corazón del Rayo

Juan Cruz
El País
Actualizado a

Como lo gritan lo escribo: “Estoy hasta los huevos del Barça y del Madrid”. Los Bukaneros cantan mucho más, pero eso resume la reivindicación de los aficionados del Rayo, los que botan hasta que el partido termine, como si fueran ganando a este y al Madrid. No hay reposo en el apoyo ni hay, además de los cánticos, otra cosa que la antigua pasión del fútbol, que tiene aquí su residencia. Un campo pequeño, una afición poderosa y simpática en cuyo corazón late el orgullo de la pertenencia y la dignidad del fútbol que practica el equipo de Jémez. En la otra mitad de la historia, el Barça, lujoso a veces y también poderoso, pero consciente de que delante no tenía tan solo a un equipo humilde sino a un gran equipo. Desde el graderío la afición soplaba; ya nos lo había dicho Jesús Cota, una gloria del Rayo, en su restaurante: no vamos a parar. Resignación es una palabra prohibida. El Rayo no cesa. Los aficionados siguieron en pie después del partido como si hubieran doblegado al Barça.

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