La tercera parte

Al fútbol le hace falta que vuelva una cierta sonrisa

España ganó y renace la esperanza.

Al fútbol le hace falta que vuelva una cierta sonrisa
Juan Cruz
Actualizado a

Al fútbol español se le congeló la sangre con el lío de Brasil, como dijo Del Bosque unos meses después de aquella tragedia deportiva. Lo que pasó fue que se agarrotaron de pronto las expectativas y en este país, acostumbrado a esperar que lo peor le pase a los otros, se desarrollaron en seguida los colmillos del miedo, que a veces son también los dientes de la venganza.

La poca prestancia de los equipos nacionales, que luego afrontaron destinos vacacionales con resultados mediocres, hicieron presagiar lo peor también ante Macedonia, este conglomerado que no era nada pero que de pronto se convirtió, para la conciencia futbolística nacional, en un mastodonte. Cayó en buena lid, España estuvo espléndida y renació la esperanza.

Uf, lo que costó. Fue arduo el camino y, aunque fue corto, resultó escarpadísimo para Del Bosque y para unos cuantos más. Ya se sabe que de la victoria es responsable todo el mundo; de pronto, el jugador nacional número doce, que llenó salas de cine para ver a España, que abarrotó plazas y estadios donde no se jugaba sino que se miraba…, ese jugador número doce se convirtió en el adversario número trece, dispuesto a asesinar con el papel o con la mirada a los traidores de Maracaná.

Los mismos que aplaudían hasta la pasta de dientes del seleccionador o del capitán estaban dispuestos a colgarlos del palo mayor. Aunque ahora parezca lejano y además suene a invento, uno de los pocos que salió a animar a la Selección y a su máximo responsable fue Pep Guardiola, que dijo en hora muy temprana, cuando los cuchillos entraban a degüello, que a este equipo había que meterle un bisturí delicado para regenerar su piel y para coser sus costuras, y que el único al que él veía diestro para salir con suerte del empeño era a Vicente del Bosque.

No me imagino yo a Pep recibiendo recado de Vicente para que lo apoyara públicamente, pero aquello se recibió con la frialdad con la que los afiliados del descontento mantuvieron distancias con el seleccionador.

Pero la teoría Guardiola prevaleció y a Del Bosque le encargaron la regeneración de aquella desventura. Y lo ha hecho, o lo ha empezado a hacer, con enorme capacidad de convicción, pues se ha atrevido con incorporaciones (la de Munir, por ejemplo) que le desaconsejaron de inmediato. Y triunfó, es verdad que ante Macedonia, pero estos oídos escucharon nada más empezar cómo se dudaba del equipo cuyo desastre se mascaba… otra vez.

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Al final salió bien el primer experimento que va camino de Francia, y sonrió Del Bosque, sonrieron los futbolistas e, incluso, sonrieron los que habían dimitido de ese jugador número doce que en tiempos de victoria llenaban los estadios.

Al fútbol español (y a este país) le hacía falta esa sonrisa. Ahora dejen que la Selección trabaje para que lo haga bien y para que el fútbol sea más feliz.

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