Toca resetearse

Nueva pizarra. Ancelotti tiene trabajo por delante. Lo mejor, tres puntos a la saca y sin daños colaterales. Pero no fue un partido para enamorar. Ni siquiera para ligar con la fea. Espesitos y salvados por el martillo de acero de Cristiano cuando el magnífico Córdoba del Chapi Ferrer apretaba. La nueva estructura del Madrid post-Décima ha cerrado las autopistas infinitas de los costados (Cristiano y Bale ya no vuelan en solitario) y la incorporación del imaginativo y creativo James obliga a pensar más en la elaboración ingeniosa que en el estímulo de la sorpresa. Sin Di María (se ha ido y ya no hay que darle más vueltas), el equipo ha perdido dos velocidades y a cambio debe encontrar fórmulas para imponer su superioridad a base de combinar con insistencia, en plan gota malaya. Kroos es perfecto en ese reseteo del nuevo Madrid, dado que construye, destruye y desarrolla el juego con una fortaleza mental y física que lo convierten en el Stielike del siglo XXI. El alemán se desenvuelve mejor en el doble pivote que en el trivote, como ya se vio en Cardiff. James es un artista y sólo necesita tiempo para afinar su violín. Y Benzema lucha por reivindicarse cuando gran parte de la afición suspira por Falcao. Karim metió un gol de nueve-nueve, pero no debe ser una excepción. El día que convierta sus goles en algo cotidiano enterraremos el debate sobre sus prestaciones, muy alejadas de los legendarios Santillana, Hugo Sánchez, Raúl, Ronaldo o Van Nistelrooy. Karim lleva 112 goles en 239 partidos. Tampoco es para tirar cohetes...
Marea blanquiverde. Maravillosa la afición del Córdoba, que en un número superior a los 6.000 seguidores dio colorido, calor (y encima al sol te torrabas) y alegría ambiental en las horas previas a la cita. Mereció la pena esperar 42 años para ver tanta gente feliz, orgullosa de ver a su Córdoba en la élite. Muchos de ellos me confesaron que su segundo equipo es el Madrid, pero que soñaban con dar la campanada en el santuario de la Castellana. El holandés-japonés Mike Havenaar dio un susto de muerte antes del descanso y Xisco metió un gol en fuera de juego (¡alivio!). Pero el Córdoba se puede volver orgulloso a casa en su humilde autobús (la crisis aprieta y el AVE te desbarajusta el presupuesto). Córdoba es de Primera.
Demolition Man. Cristiano jugó su partido oficial número 250 con el Madrid. Y firmó su gol 255. Promedio bestial. Y eso que está lastrado por esa maldita tendinitis rotuliana. Pero su latigazo en el minuto 89 despejó las dudas, los temores y los sudores fríos. Tener a Cristiano es como jugar la Bonoloto con un viajero en el tiempo que te cuente de antemano la serie premiada. Cristiano, aunque estuviera cojo, es el delantero más determinante del planeta. Con él, al fin del mundo.
La Décima. Me gustó que el club diera rienda suelta por la megafonía al himno de la Décima justo antes del arranque del partido. La afición ya se va sabiendo de memoria la letra y acabará convirtiéndose en el Arrebato Vikingo, tarareado a pulmón por todo el Bernabéu. También ayudó el entusiasmo de la nueva grada joven ubicada en el Tercer y Cuarto Anfiteatro. La acústica del estadio es perfecta y se les oye como si estuvieran abajo. Las dos aficiones acabaron abrazadas e intercambiándose pines y bufandas. Madridistas y cordobesistas disfrutaron en la capital de una jornada de fútbol y convivencia difícil de olvidar. Amigos para siempre...



