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Juanma Lillo está en el alambre

Juanma Lillo está en el alambre

Aránguiz. Lo que se dice un todocampista. Muerde en defensa, pasa con criterio y llega mucho. El chileno que le marcó el último gol a Casillas en el Mundial, el que asistió a Vargas en el penúltimo, tiene cada vez más difícil permanecer en Sudamérica. Las tentaciones se suceden, Chelsea y Sevilla a la cabeza. Y su rendimiento no para de crecer: después de cinco triunfos consecutivos comanda la clasificación del Brasileirao con el Internacional de Porto Alegre y, pese a que sólo ha jugado siete partidos de 15, sigue al frente también de la lista al mejor jugador del campeonato. El club lo retiene como intransferible, lo considera emblema hasta de lo comercial, y el jugador tranquiliza a la torcida asegurando que al menos un curso más se queda. Pero el teléfono de su agente no deja de sonar.

Forlán. Si le cambian, se enfada. Hace una semana, cuando fue sustituido la tomó a patadas contra el banquillo. El sábado le fue un poco mejor. Forlán jugó todo el partido y marcó un gol (no anotaba desde el 3 de mayo). Sólo sirvió para pasar del 5-3 al 5-4. Su equipo, el Cerezo Osaka, volvió a perder, contra el Kawasaki, y se hundió en puestos de descenso. La liga japonesa se ha convertido en asunto de máxima atención en Uruguay. Sobre todo tras la confirmación de la sanción a Luis Suárez, que le aparta de la Copa América. No hay otra que seguir mirando a Cachavacha, pese a los 35 años y a que no esté de humor. Al menos su Peñarol goleó en el arranque del Apertura.

Bianchi. Posiblemente esté a un paso de ponerse a hacer abdominales en el mismo césped y a la misma hora que su Boca Juniors se entrene. Es su forma habitual de contestar a los reproches y las horas bajas. En el Atlético lo hizo, incluso en las narices de su jefe la misma mañana de su despido. De xeneize también lo usó alguna vez. Y allí ahora la cosa vuelve a arder. Esta madrugada, el equipo bonaerense, que ha empezado la temporada tan mal como acabó la anterior, jugaba en el Mario Alberto Kempes ante el Belgrano. El DT, tan poco amigo de la autocrítica, dice que la mala imagen es cosa de la suerte, de los árbitros y demás lugares comunes. Pero los medios disparan. Y Maradona, al que tampoco conviene tomar demasiado en serio, habla del peor Boca de la historia. La afición, eso sí, sigue del lado del entrenador.

Lillo. Pero para crisis la de Millonarios de Bogotá, que sumó su sexto partido consecutivo sin ganar (juntando la Copa) tras no pasar del empate en casa ante el Pastos (1-1). Y el jueves empieza la Copa Sudamericana… Una situación que de momento ya se ha llevado por delante al director deportivo, el español José Portolés. Como entrenador, de momento sigue Lillo, pero ya suenan nombres para el recambio: el colombiano Reinaldo Rueda, que dirigió a Ecuador durante el Mundial. El técnico vasco no hace abdominales. Reparte frases. “No podemos evaluar la realidad en función del resultado”, declaró el sábado.

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