Lágrimas, fuego y el Síndrome Barbosa

Apreciado Charles Miller, no se imagina cómo hace llorar el fútbol. Por lo menos, en Brasil, donde los jugadores se dan unas panzadas a llorar tremendas. Lloran durante el himno, lloran cuando marcan goles, lloran antes de la tanda de penaltis y lloran después. Aunque ganen. Tal emotividad, dicen los expertos, se debe a la presión y hablan del Síndrome Barbosa y nadie quiere ser Barbosa.
Moacir Barbosa era el portero de Brasil en el Mundial 50. Fue elegido mejor guardameta del Mundial, pero nadie se lo tiene en cuenta. Tampoco le tienen en cuenta que antes de que Ghiggia le condenara, Barbosa hiciera el paradón de la final. No, a Barbosa le recuerdan por ser el “hombre que hizo llorar a un país” que es lo que una señora le dijo a su hijo cuando se cruzó con Moacir por la calle. Era 1970.
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“En Brasil la máxima condena es de 30 años, yo llevo 50”, dijo Barbosa antes de morir en el 2000. En 1993 quiso visitar a la selección y le prohibieron la entrada a la CBF para que no contagiara la mala suerte al equipo. Un día Barbosa invitó a sus amigos a un churrasco en su casa. Extrañados por la altura de las llamas de la barbacoa, le preguntaron que madera usaba. Sin inmutarse contestó: “Son los palos de las porterías de Maracaná”. Mucho más digno que llorar.
*Charles Miller desembarcó 1894 en el puerto de Santos con dos balones de reglamento. Se le considera el introductor del fútbol en Brasil.



