Las otras manifestaciones vistas en los estadios

Apreciado Charles Miller, le escribo instantes antes de que empiece el partido entre Brasil y Chile. Hemos superado las dos semanas de competición y esas manifestaciones que tanto preocupaban a los organizadores y al gobierno se han diluido en medio de la pasión futbolera. Claro que todo va a depender de lo que pase en unas horas. Una derrota de Brasil supondría un Grandola, Vila Morena (la canción que al ser emitida por radio supuso el código para iniciar la Revolución de los Claveles) en toda regla. En estos instantes, las únicas manifestaciones que se ven al lado de los estadios, aunque siguen custodiados por las fuerzas de seguridad, son las de los aficionados que exponen su catálogo de extravagancias cada vez que una cámara de televisión o un fotógrafo se les acerca. Impresiona la capacidad de los humanos para transformarse en un ser grotesco ante el ansia de salir en prensa. La gente va a los campos vestida con los colores de su equipo y muchos, disfrazados. Su comportamiento es normal hasta que aparece la prensa, entonces, como decía Canetti, la masa busca la densidad y ese temor a ser tocado por un extraño que caracteriza a la especie cuando, por ejemplo, se sube a un autobús, se revierte y empieza una orgía de abrazos con extraños, danzas y saltos entre personas que no se conocen de nada.
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Añadía Canetti, que la masa para comportarse como tal, necesita una dirección. Mientras Brasil gane, es la de las cámaras de televisión. Cuando pierda, será otra cosa.
*Charles Miller desembarcó 1894 en el puerto de Santos con dos balones de reglamento. Se le considera el introductor del fútbol en Brasil.



