La seguridad en los estadios y los prejuicios

Apreciado Charles Miller, anda escandalizada la FIFA por los errores de seguridad del Mundial. El asalto a la sala de prensa de Maracaná por parte un centenar de chilenos que decidieron entrar en el recinto tumbando paredes y saltando tapias como si fueran SuperMario ha motivado una reunión de urgencia en Río de Janeiro en la que han decidido incrementar las medidas de seguridad tanto en personal como en intensidad. Es decir, más controles a los de siempre. Usted sabe, señor Miller que en la seguridad en el fútbol siempre cargan los mismos con el mochuelo. Los prejuicios mandan. En 1950, Flávio Costa, seleccionador de Brasil, viajó a Europa a estudiar a los rivales de su equipo. En el periplo, sus interlocutores jamás le preguntaron por su fútbol. La pregunta más común era si se podía pasear por Río sin que te mordiera una serpiente. En 1930, en el elegantísimo campo del Fluminense jugaba un futbolista de buena cuna llamado Preguinho, que tuvo el honor de marcar el primer gol de Brasil en un Mundial. Era hijo de Coelho Neto, novelista y fundador de la Academia Brasileña de Letras, que acudía a los partidos impecable, con traje, canoutier y bastón. Un bastón que le sirvió para dirigir una de las primeras invasiones de campo documentadas del fútbol brasileño. Quiero decir con estos dos casos que está bien aumentar la seguridad, pero que a veces los prejuicios hacen mirar a los poderosos en un única dirección.



