Una ‘Hiroshima’ es imposible de olvidar

Apreciado Charles Miller, el miércoles me pasó una cosa curiosa. Volaba de Fortaleza a Río en el mismo momento en el que se jugaba el España-Chile. Tenía asumido que me enteraría del resultado nada más poner pie a tierra, pero mientras echaba una cabezadita, el piloto tuvo a bien anunciar al pasaje el resultado del partido como quien anuncia turbulencias. Mis compañeros de viaje explotaron de alegría con gritos y aplausos. La euforia no era tanto por solidaridad con Chile sino por la eliminación de España. El éxtasis aéreo culminó con el pasaje gritando “¡Brasil, Brasil!” como si en vez de en un Airbus fuéramos montados en el autocar de una peña.
Esa alegría, señor Miller, sólo la entiendo desde el lícito sentimiento de haberse quitado de encima a un posible competidor que les aguara la fiesta de su Mundial y eso tiene mucho que ver con el Mundial 50. Usted me dirá que eso está superado hace mucho tiempo y yo le responderé con las palabras de Nelson Rodrigues, legendario periodista deportivo y dramaturgo, que dijo: “Todo país tiene su catástrofe nacional irremediable, algo como una Hiroshima. Nuestra Hiroshima fue la derrota ante Uruguay en 1950”.
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No, señor Miller, las catástrofes pasadas siempre están acechando y nunca se olvidan. Como también convendría no olvidar la historia. Antes de esa Hiroshima, Brasil había goleado a España en Maracaná por 6-1. Tras el tercer gol, el público sacó pañuelos blancos para despedir a los españoles mientras les cantaban ‘Touradas en Madrid’, conocida pieza de Carnaval. Ojo, que no se repita la historia.
*Charles Miller desembarcó en 1894 en Santos con dos balones. Se le considera el introductor del fútbol en Brasil*



