Mucho más que un gran campeón
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Mentiría si ocultara mi debilidad por Márquez. No se trata de objetividad periodística sino de admiración por un deportista que trasciende en lo personal sus propios éxitos en los circuitos. Es un grandísimo campeón, nadie lo puede discutir, pero antes que eso, un chaval excepcional. Siempre he pensado que el deporte debería ser una escuela de la vida, la búsqueda de la excelencia a través del triunfo que nos enseñe a levantarnos después de un tropiezo, a luchar por lo que deseamos, a valorar lo que tenemos y a no olvidar lo efímero de la gloria. Y creo que en todo esto nuestro protagonista de hoy ya se ha doctorado...
Márquez ha alcanzado un equilibrio que se acerca a la perfección. Su talento y profesionalidad van de la mano con la humildad y ese disfrute permanente de cuanto hace. Vive un sueño, lo saborea cada instante y esa felicidad se traduce en un estado de gracia que trae de cabeza a sus rivales. Porque la clave del asunto es que esa actitud, esa forma de entender la vida, se tiene o no se tiene, difícil resulta adoptarla cuando no surge de un modo tan espontáneo como en el de Marc. Su positividad atrae al éxito y creo que da lo mismo que corra en 125cc que en MotoGP, con una Honda o una Yamaha, en Mugello o en Assen... Y lo mejor del caso es que la magia le seguirá ayudando también cuando se aleje de las carreras, estoy convencido de ello.




