Van Gaal, con el United, vuelve al Olimpo de los entrenadores
La idea. El grupo de entrenadores elegidos, esos que se recuerdan, o deberían recordarse, tiene una característica en común: construyen equipos con estructuras sólidas a partir de una idea futbolística y de una metodología de entrenamiento clara. Son tipos que hacen crecer a sus clubes, mejoran a sus futbolistas y consiguen así éxitos. El otro día lo contaba en pequeño comité Pep Segura, exentrenador de la cantera del Barcelona, exdirector de la academia del Liverpool y campeón de liga con el Olympiacos, además de cerebro privilegiado: “Hay muchos entrenadores que han obtenido títulos, pero relativamente pocos que lo hayan conseguido desde el desarrollo de una idea”.
Nuevo cargo. Estaba hablando de un preparador con quien tuvo el placer de trabajar y al que la historia no le ha tratado especialmente bien: Louis van Gaal. Ahora que ya es el nuevo mánager del Manchester United, vuelve a su sitio, el del Olimpo de los grandes. Escuchen a Víctor Valdés, que como Xavi y Puyol debutaron con él, en su carta de despedida: “Gracias a Louis van Gaal... Él inició la construcción de un Barça histórico, del que he tenido el privilegio de formar parte”. El entrenador holandés había puesto las bases de un Ajax campeón y más recientemente del Bayern que vemos ahora.
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Maestro. Van Gaal es de esos entrenadores que dirigen el equipo, manejan el partido y enseñan a partir de los pequeños detalles y del entrenamiento. El holandés dice, con parte de razón, que Mourinho y Guardiola son sus “creaciones”: muchos movimientos ofensivos del Barcelona nacen con él y José copió su funcionamiento como entrenador; el mensaje en Power Point en sus entrevistas de trabajo es el mismo modelo que utiliza el holandés. Entró en el Barcelona en un momento duro con el club dividido y acentuó la línea de trabajo instaurada por Cruyff pero con un rigor metodológico que no existía: Johan desarrolló una idea, Van Gaal la trabajó. Instauró muchos ejercicios, creó automatismos ofensivos del 4-3- 3, y empezó a trabajar la transición defensiva con presión que Pep llevó a su máxima expresión. Llevó el juego posicional al Bayern.
En estima. Lo que más sorprenderá a muchos es la estima con la que es recordado por los que trabajaron con él en el Barcelona. Hablaba desde la confianza y desde su verdad. Exigía al que le rebatía argumentos una concentración y preparación total en la respuesta, y su presión por conseguir vencer la discusión podía parecer insana. Pero si finalmente el razonamiento contrario era mejor que el suyo, lo aceptaba, incluso delante de gente. Un líder, pues. Y no uno que limita, sino que hace mejor a los que tiene cerca.




