San Isidro: gozos y sombras

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El día de San Isidro trae muchos recuerdos al fútbol madrileño. El amargo se lo lleva el Atleti. El 15 de mayo de 1974, un chutazo de Schwarzenbeck batió a Reina y dejó a los rojiblancos sin esa Copa de Europa que siguen sin ganar desde su creación en 1956. La cara amable del patrón de Madrid, criado paradójicamente en la ribera del Manzanares, la disfruta el Real. Fue el 15 de mayo de 2002 cuando el Santo bendijo a Iker, que por algo tiene ese apodo, y a Zidane, que firmó un gol a la altura de los dioses del fútbol.

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Casillas mostró esa tarde en Glasgow su condición alejada de lo terrenal. Un tipo de 20 años (no cumplió los 21 hasta cinco días después) no se comporta como si tuviese 35. Frialdad, colocación, intuición y serenidad. De hecho, ni Yashin, ni Gordon Banks, ni Maier, ni Iribar, ni Schmeichel, ni Arconada (los grandes porteros de los años 60, 70 y 80) habían logrado a esa temprana edad todo lo que ya tenía Iker: dos Champions, una Liga, una Supercopa y un Mundial Sub-20. Si los guantes de Casillas hablasen, nos explicarían su secreto...

S e llama talento. Estoy hasta el gorro de que digan que Iker tiene una flor en el trasero que le protege siempre. Pamplinas. A Berbatov y a Bastürk les paró tres balones imposibles en Hampden Park porque intuyó los tres remates. A Robben le engañó en Johannesburgo y estiró el pie derecho para darnos el Mundial de nuestras vidas. A Perotti se la rebañó porque se tiró allí lleno de fe... Iker es el mejor portero de la historia. Y punto.

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