Entre la mala suerte y la rutina

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Si el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, el Barça es el único club que siempre llega a las finales con defensas improvisadas. Uno ya no sabe qué pensar. Lo fácil es maldecir a los autores de la planificación, que curso tras curso se empeñan en hacer de cada partido decisivo un “más difícil todavía”. La otra opción es la victimista que viene a culpar de todos los males a la mala suerte atávica que acompaña (según ellos) a la entidad.
La mayoría de finales de la mejor época del Barça con Guardiola ya se jugaron cojeando en defensa. En la final de Copa ante el Athletic en Mestalla, Touré tuvo que jugar de central. Repitió el actual jugador del City en Roma ante el United, donde se tuvo que recuperar a Sylvinho para jugar de lateral izquierdo después de que Keita dijera que no se veía capaz de actuar en esa posición. Después llegó Wembley, que se perdió Puyol y que Abidal jugó después de superar un cáncer de hígado. Pero no se vayan todavía, que aún hay más. El año pasado ante el Bayern, semifinales de Champions, Bartra tuvo que salir al ruedo sin rodaje, situación que se repitió en los cuartos ante el Atlético hace una semana. Mañana, en Mestalla nuevo capítulo del serial. ¿Seguirán culpando a la mala suerte?



