106 amarillas es una barbaridad

Carlos Cariño
Jefe de Sección de As en Málaga.
En As desde 2004. Desde 2009 responsable de Málaga. Contador de cosas. Todo pasa en la Costa del Sol. Le gusta ampliar horizontes y Andalucía es rica en acontecimientos.
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Por qué el Málaga es el último en la clasificación del Juego Limpio de la Federación Española de Fútbol? La semana pasada reflexionábamos a propósito de una realidad que no terminamos por comprender. 106 tarjetas son muchas tarjetas. Demasiadas tarjetas para un equipo que no es leñero. Pero lo que verdaderamente merece una reflexión es que el pasado lunes contra el Betis el Málaga sólo cometió diez faltas. ¡Diez faltas! Y el árbitro le sacó siete tarjetas amarillas. ¡Siete! Casi a tarjetazo por falta cometida. Y entre los amonestados, Roque Santa Cruz que, desde luego, es todo menos un leñero. Desde hace mucho tiempo, las consignas de los árbitros parecen ir más por perseguir la mala educación que el juego sucio. Como diría Vicini. ¡Inconcebible!

Más allá de la estadística, el Málaga parece encontrarse en el punto de mira de las decisiones arbitrales más facilonas. Es muy sencillo pitarle penaltis en contra en el último minuto, sancionar salvajemente a Duda o masacrar a Jesús Gámez por un exceso de ‘verborrea testicular’ para con el colectivo arbitral. Duda al menos se ha recuperado de la terrible patada que recibió de Pepe. Algo es algo. No creemos que el Málaga esté sufriendo en esta Liga por culpa de los árbitros. Pero el equipo más amonestado de la Liga, el colista del Juego Limpio no ha lesionado ni ha agredido a nadie. Y sus aficionados se han comportado de manera señorial en La Rosaleda. Pero eso por lo visto no cuenta. La justicia deportiva a veces es incomprensible.

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