Once y el héroe
Como en las grandes ocasiones en que la suerte es también el arte, Courtois, el portero atlético, que tiene nombre de novela francesa, desbarató las ilusiones hilvanadas de un equipo que anoche no desmereció su fama, el Barcelona.

Un respeto. Un respeto para el fútbol. Sus dos caras, la heroica, protagonizada por el Atlético, y la que hace de la voluntad del arte su razón de ser, convirtieron un partido decisivo en una muestra de lo que puede ser un juego en el que el azar es un alto porcentaje de la probabilidad del resultado. En condiciones normales, sin Courtois alzado como un héroe, el arte de Iniesta hubiera hallado acomodo en algún momento en la red, porque además en esta ocasión el astro de Albacete podía mirar a la vez a Neymar y a Messi. Pero Courtois es como Gary Cooper en Solo ante el peligro: en el mediodía de las balaceras, el belga estaba dispuesto a usar su millón de ojos para convertir en estéril los esfuerzos azulgrana. Un respeto para Courtois, pero también un respeto para el Barça.
Sin rendición. El gol de Diego fue una fortuna del destino que traspasó el alma del más irregular de los jugadores del Barça, su portero. Y no fue culpa de Pinto, ni mucho menos, sino del azar que acompañó al brasileño que había sucedido en el sitio al desafortunado Costa. Lo que sucedió tras ese gol fue un vendaval del que el Barça sacó una mínima rentabilidad, que le da alas para seguir vivo en el Calderón pero que rasga un tanto el traje manchado por la defensa a ultranza del Atlético. Ninguno de los dos equipos se rindió; pero déjenme que destaque, en este ámbito de la voluntad de jugar, el esfuerzo con el que el Barça siguió barajando sus cartas con su acostumbrada fe en el juego como arte. No rendirse y seguir jugando así es algo que merece ser destacado en la época del renacido resultadismo.
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Jogo. Es juego y es jogo. Neymar resurgió como un jugador brillante, capaz de aunar la audacia con la paciencia, y finalmente con la resolución. Su gol fue consecuencia de una jugada de Iniesta, como casi siempre, pero esta vez el brasileño tuvo ojos por todas partes, y desequilibró con la vista y con el cuerpo; en el escaño de la peligrosidad estuvo muy por encima de Messi, y esta es una noticia que hay que calibrar bien. No me gustó (nunca nos gusta, por lo menos a los canarios) que Martino renuncie a Pedro; sin duda, no era la noche para renunciar a Neymar, pero la insistencia en Alexis es por lo menos extemporáneo. A la calidad del Barça tenía que haber sumado su entrenador la calidad del juego de Pedro, capaz de seguir las intuiciones de Iniesta con más rigor que Alexis.
El portero contrario. Pinto fue el portero contrario, naturalmente, el opuesto a Courtois. Y de qué manera. Donde uno, el belga, tiene seguridad, aplomo y sentimiento de la servidumbre a la lógica que ha de conservar todo guardameta, Pinto opone indecisión y riesgo. Innecesariamente. Es como un portero cubista, al que es muy difícil entender. Los contrarios lo entienden, claro, por eso es temible… para el Barça.




