La afición quiere otra Fórmula 1
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Segunda carrera y segunda decepción. Y no me refiero sólo al discreto rendimiento de Ferrari, sino a la ausencia de espectáculo. No quiero parecer alarmista pero este nuevo fiasco, tras el de Australia, merece la atención de los sesudos responsables de la F-1, para atajar lo que puede convertirse en una crisis severa. Una hora y cuarenta minutos en Sepang que se hizo larguísima, sin emoción, escasos adelantamientos y poquísimo interés. Madrugar un domingo para soportar semejante tostón sólo compensa si ves ganar a tu piloto preferido, y para la mayoría de los españoles tampoco fue el caso, por desgracia para Alonso…
Durante los entrenamientos del GP de Malaisia, la cosa pintaba mejor, había menos diferencias entre los protagonistas y el pronóstico parecía abierto. En carrera volvió a surgir la superioridad de Mercedes, pero más allá de esto, lo grave es que por detrás tampoco existían alicientes. Confieso que no tengo claro el origen del problema, el por qué no disfrutamos de adelantamientos, ni luchas, ni acción. Los coches son más lentos pero su velocidad sería indiferente si hubiera rivalidad. Esperemos que mejore, de lo contrario nos espera un Mundial tedioso…




