Sensaciones encontradas con Kimi
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Kimi Raikkonen me provoca sentimientos encontrados. Por una parte, admiro su talento pilotando y algunas de sus actitudes me parecen divertidas, básicamente por imprevisibles y extravagantes; sin embargo, en otras ocasiones debo reconocer que me resulta un poco irritante con su pasotismo y desinterés, me da la sensación de que corre en Fórmula 1 como podría hacerlo en carreras de trineos. Esa apatía por el trabajo que le ha hecho rico y famoso (merecidamente, es todo un campeón mundial) la encuentro poco adecuada para un deportista de élite, que en definitiva representa a una marca, a un equipo, a unos patrocinadores… Claro que el valor de un piloto se mide esencialmente dentro de la pista, pero creo que todo con ciertos límites.
Teniendo en cuenta la pasión y entusiasmo con el que millones de personas siguen en todo el mundo los grandes premios, en algunos momentos la postura de Kimi la veo casi insultante, desconsiderada cuando menos. Supongo que en su descargo podríamos apelar al frío carácter nórdico, y algo hay de cierto desde luego, pero un profesional de su proyección debería estar obligado a ciertos esfuerzos, le gusten o no le gusten. Nadie le pide que sea carismático o simpático, pero sería de agradecer (ya no digo ni siquiera exigible) que mostrara un compromiso algo mayor con este deporte que tanto tiene de espectáculo. En todo caso, insisto, tipo peculiar y todo un torbellino al volante… Supongo que él pensará que, en definitiva, eso es lo único que importa.




