Victoria y lágrimas del portero

Juan Cruz
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El portero ocupa el lugar más arriesgado del campo, es culpable de las derrotas, es clave en las victorias, y es a la vez la garantía o el terror de los suyos. Víctor Valdés está en el lado positivo de todos esos supuestos, y ayer el azar del accidente lo dejó fuera de juego por el tiempo que dicten la medicina y su capacidad de recuperación. Cuando sufrió la lesión, antes de que se produjeran esas previsiones fatídicas para su carrera, el portero lloró, porque las consecuencias de su herida trascienden la cirugía y atacan a su alma de barcelonista y a su espíritu preparado para nuevas aventuras en Europa. De pronto se le congeló el futuro, se le adelgazo el ánimo y las lágrimas que brotaron de la mirada de este portero legendario simbolizan a la vez la desgracia y la impotencia.

El tiempo que acababa la primera parte pinché en la tele la película de Fellini, Amarcord, que daban en el canal 45 de Digital+. Estaban dando en ese instante el momento en que un anciano se pierde en la niebla. Pues esa misma sensación tuve, como afi cionado al fútbol y como devoto de este portero. Se desdibujó esa historia, de pronto, y también se desdibujó el partido en que Messi y Neymar liquidaron con genio y arte una contienda de la que, además, se borró Iniesta. Una noche rara, como narrada por Fellini.

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