Un partido de tigres y leones

Guillem Balagué
Actualizado a

Noticias relacionadas

No hay equipo perfecto, pero sí el que se prepara ante cualquier inconveniente, el que tiene varios niveles, el que cuenta con diferentes propuestas con el balón y una estrategia sin el mismo. Ni el Barcelona ni el Madrid son perfectos todavía (o ya no). Los blancos han sido hasta hace poco excesivamente unidimensionales para la calidad que atesoraban: preparado para ser un tigre agazapado que caza a su presa cuando menos se lo espera. El Barcelona, por su parte, era un león, dispuesto a defender a su manera pero mayormente con éxito, rápido o lento según se necesitara, protector de los suyos y de lo suyo (el estilo), controlador de la selva de un partido, encima de su presa hasta que ésta cae aturdida o agotada o desmoralizada. Aunque ya no parece que la cosa esté tan clara.

El Barcelona aparecerá en todos los grandes partidos de la temporada porque compite con el ADN que les da haber ganado tanto. Pero se descuida cuando no debería hacerlo, y a veces parece uno de esos leones de circo, que todavía amenazan con amenazar, pero con el pelo caído y la mirada baja. El Madrid está afilado, gobierna diferentes propuestas, a veces león, a veces tigre. Y con las ganas que da venir desde atrás, oliendo la sangre de un campeón herido. Lo bueno de este Clásico es que parece una gran final, que el destino no sólo de una temporada, sino quizá de una era se defina en una noche, en noventa minutos. Qué bonito y espectacular es el fútbol jugado así, cuando no se arruga o ensucia con palabras o gestos torpes...

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados