La Força d’un Sentiment... que es único

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Collet u Oliveró, Curva o Juvenil, a favor o en contra de Aguirre, “P... Barça” o no, política en la grada o solo la bandera blanquiazul, Cornellà-El Prat solución o problema... El españolismo vive constantemente instalado en el conflicto, en la bipolaridad, cuando no hay particularidad y unidad indisoluble más grande que ser del Espanyol. Planteemos un par de interrogantes. Seguramente les ha ocurrido que han invitado a algún amigo no perico y ateo futbolístico a Cornellà y se ha quedado boquiabierto. ¿Por qué no se convirtió a la fe perica? ¿O por qué alguien nacido en Cataluña dispuesto a remar en contra del ‘establishment’ se acaba haciendo del Real Madrid y no del Espanyol?
Seguramente, mucho de ello se debe a no haber sabido potenciar esa exquisita y maravillosa rareza que no tienen ni siquiera aficiones con halo místico como Athletic, Sevilla/Betis o incluso el entrañable Cádiz, pues ellos sí tienen de su lado a poderes fácticos, no son el patito feo de su territorio. Ni siquiera el Atlético de Madrid lo es a la sombra de los blancos. El Espanyol es único, como lo son los diamantes más preciados en cualquier puja, pues no se parecen a ningún otro. Así que hay dos maneras de navegar en ese barquito de papel que es el Espanyol en el mar furioso que le envuelve: sobreviviendo a duras penas y renegando a la mínima inclemencia, o haciendo del contratiempo una virtud. Es decir, luciendo con orgullo esa diferencia del resto, remando juntos y sumando adeptos hasta, quién sabe, atracar en una playa repleta de tesoros que nadie más ha descubierto. Y si no, al menos, disfrutar del camino, de ser extraño en un mundo uniforme, pues nadie más podrá alardear de ello: de la fuerza de un raro y único sentimiento.



