Entre la supervivencia y la igualdad
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La reglamentación técnica del Mundial de MotoGP para esta temporada es un auténtico laberinto para la mayoría de los aficionados. Factory, Factory 2, Open, centralitas únicas, software libre o del promotor, diferentes motores disponibles, distintos neumáticos para calificación, depósitos de gasolina de dos capacidades… Quizá en algunos momentos todo esto nos complique la vida, pero se trata de un proceso inevitable en el camino a una unificación de la normativa que llegará en 2016. Hasta entonces hay unos acuerdos vigentes con los fabricantes que deben respetarse, aunque con interpretaciones como las que comentamos que persiguen dos objetivos claros: una mayor igualdad en la categoría reina y la supervivencia de la misma.
La barra libre de recursos disponibles es ahora historia, tanto para las marcas de motos como para los patrocinadores, el promotor y, en consecuencia, los equipos. Toca adaptarse a una nueva coyuntura menos propicia, a la espera de tiempos mejores e incluso atentando contra lo que para muchos constituye la esencia de las carreras a este máximo nivel: la libre competencia dentro y fuera de las pistas. La emoción en los circuitos pasa por reducir la brecha entre ricos y pobres, por decirlo de algún modo… y por evitar que todos terminen siendo pobres. Un reglamento restrictivo y con tendencia a la baja se aleja de los deseos de cualquier apasionado al deporte, pero lo cierto es que si no se hace algo al respecto el desenlace puede resultar traumático para muchos.




